Evangelio según San Juan 15,1-8.
Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el
viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo
poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les
anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento
no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen
en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en
él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no
permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge,
se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen
en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste
en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»
Una de las propuestas básicas de Jesucristo es ser parte de
algo más grande. Ser parte de Dios.
Desde hace dos siglos el individualismo ha ido impregnando el
mundo occidental. El pensar en términos de lo mío, lo propio es algo ya común.
Sin dejar de lado que el evangelio también defiende al individuo y su
importancia, nos recuerda que no podemos poner nuestra persona como lo único
que importa.
Para crecer y desarrollarnos necesitamos ser parte de una
comunidad.
La comunidad de creyentes que aceptan la propuesta de
Jesucristo, se forma primero por su conexión con Dios Padre, se fortalece con la
aceptación de Jesucristo y se construye con la presencia del Espíritu.
Ahora bien, para formar la comunidad de cada día, necesitamos
participar en ella. No podemos quedarnos a un lado. Un seguidor de Jesucristo se
compromete a transformar su entorno. Las actitudes básicas entre los creyentes
son la comprensión que es la base del perdón, (se que te equivocas porque eres
ser humano como yo) y la solidaridad con subsidiaridad (te apoyo en la medida en
que tu no puedes, más ya cuando lo puedes hacer me retiro).
Así que, de manera individual no podemos lograr la plenitud.
Tenemos que formar comunidad para lograrlo, por lo que la pregunta obligada es:
¿cuál es tu comunidad en que te desarrollas?
Azrael el Testigo.