Aunque la historia se entiende en sentido lineal en el proceso
de salvación, esto es, hubo un inicio en el tiempo y habrá un final, la iglesia
propone celebraciones que siguen un patrón cíclico, que hacen que cada año se
repitan en un eterno retorno: la liturgia es la misma, los mismos ritos, las
mismas lecturas…
Es así, como recordamos el evento central y el sustento de los
que nos llamamos seguidores de Jesucristo: La Resurrección: el jueves se centra
en la comunidad; el viernes en la disciplina y perseverancia; el sábado en la
esperanza; y el domingo en la transformación.
El sábado santo es el día de la espera confiada. Un cristiano
sabe en quién ha puesto su confianza, y por eso en él no se cumple el dicho de
“quien espera desespera”. El cristiano sabe que Jesús resucitará y que todo se
renovará.
La esperanza cristiana se basa en la certeza de que Dios cumple
su Palabra. Que la promesa dada por Dios de caminar a nuestro lado y mostrarnos
el camino para ser pleno es verdad. Acepta que la salvación no se da de golpe,
sino que se desarrolla paso a paso, por lo que la perseverancia y la disciplina,
tienen como motor la esperanza.
Ser cristiano no es ser pasivo, sino que sabe que tiene que
preparar todo para que la nueva vida en Dios sea realidad. Se sabe agente de
cambio, se reconoce comprometido con el plan de Dios, se lanza a la aventura de
hacer las cosas diferentes, pues la Resurrección implica que todo será
diferente.
La esperanza permite a los cristianos ver más allá de los
hechos actuales, como es que Jesús murió en la cruz o que murió un ser querido;
sabe mirar más allá de unos resultados que no salieron como se esperaba; sabe
mirar más allá de un fracaso en los objetivos trazados; sabe mirar más allá de
una enfermedad. La esperanza permite mantenerse firme, disciplinado,
perseverante cuando todos quieren dejar todo y recorrer otros caminos más
sencillos (el poder, el placer, la victimización, etc.)
Una persona que hace la opción por Jesucristo sabe que ha sido
llamado a ser hijo de Dios, hermano de los demás y señor de la creación; más
sabe al mismo tiempo que tiene que hacerlo realidad en el día a día. Se reconoce
llamado a la plenitud, más tiene que ir construyéndola ladrillo a ladrillo. Sabe
que todas las cosas son suyas más tiene que aprender a usarlas.
Un cristiano se reconoce peregrino y reconoce que lo peor que
le puede pasar es quedarse quieto, detenerse al lado del camino, acomodarse a su
entorno. Se sabe buscador, inquisidor, rebelde, insatisfecho. No tiene miedo de
probar pues es la manera de reconocer los caminos de Dios.
Una persona con esperanza, tiene miedo más sabe ser valiente;
se asusta más da el paso. Sabe que tiene una comunidad que lo apoya, lo alienta
y lo sostiene. Sabe caminar con los otros, apoya y es apoyado.
El sábado santo la pregunta es: ¿Tienes esperanza?, ¿Te sigues
moviendo en la vida?, ¿Aceptas nuevos retos a conseguir?
Azrael el Testigo.
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