jueves, 13 de abril de 2017

Jueves Santo 2017. Formar comunidad

Aunque la historia se entiende en sentido lineal en el proceso de salvación, esto es, hubo un inicio en el tiempo y habrá un final, la iglesia propone celebraciones que siguen un patrón cíclico, que hacen que cada año se repitan en un eterno retorno: la liturgia es la misma, los mismos ritos, las mismas lecturas…
Es así, como recordamos el evento central y el sustento de los que nos llamamos seguidores de Jesucristo: La Resurrección: el jueves se centra en la comunidad; el viernes en la disciplina y perseverancia; el sábado en la esperanza; y el domingo en la transformación.
El jueves se centra en formar la comunidad a través del servicio y de amor.
Las ideas centrales que se comparten el evangelio nos hablan de que no podemos avanzar solos en el proceso de fe. Los grandes momentos de la vida, no se viven solos, se viven en comunidad. Los nexos que tenemos con los demás nos permiten crecer. Ellos son el espejo de nuestro propio caminar. Ellos son necesarios en nuestra existencia. Nos enseñan, nos orientan, nos sancionan, nos animan, nos consuelan, nos apoyan. Con ellos hacemos planes a futuro. Y es verdad que también nos traicionan, nos dejan a un lado, se olvidan de nosotros. Más, es la pertenencia a un grupo, a una comunidad, lo que nos hace crecer y ser plenos.
Al tener la experiencia de una comunidad es como nace la actitud de servicio. El interactuar con los otros descubrimos que todos tenemos capacidades y límites. Ante las incapacidades del otro nos ofrecemos a apoyarlo, y ante nuestras debilidades, los demás nos ofrecen su apoyo.
Es por esto que, la relación de servicio entre los cristianos, se mide por la justicia, que hoy llamamos solidaridad y subsidiaridad. Es decir, te ayudo sólo y hasta que ya puedes hacerlo con tus fuerzas. Sólo hasta que tú ya tengas la capacidad de hacerlo.  Sólo hasta el día en que el otro dice “yo puedo”. En ese momento nos hacemos a un lado, pues no se trata de generar dependencias de ningún tipo.
Sólo así se entiende el amor cristiano, como una relación recíproca, en el que se da y recibe al mismo tiempo. En el que se ayuda y se es ayudado. En el que se enseña al otro a ser libre, a no estar atado a sus circunstancias.
Tenemos que afirmar que amar es una decisión. El compartir cristiano no es una obligación sino algo decidido desde el interior. Se vuelve un hábito, una actitud. Por lo que, tenemos que quitarle, la carga emotiva que se la ha dado y que solamente distrae el mensaje central. El ser parte de una comunidad y el asumir el servicio no son sensiblerías, son decisiones que forjan el carácter de un cristiano.
Finalmente el Jueves Santo que se celebra el mayor signo de servicio que tiene que existir en la Iglesia: el sacerdocio. Si el sacerdote no lava los pies a sus feligreses no tiene sentido su labor. Hoy podemos afirmar que no es el mensaje, sino el mensajero; que no es el centro de la comunidad, sino su promotor; que no es el dueño de una parroquia sino el administrador. Más, su labor es central para lograr que una comunidad crezca y logre ser fiel al mensaje de Jesucristo.
Jueves Santo. Comunidad, Servicio, Amor. En ese orden se nos invita a vivirlo. Pues primero tengo que tomar conciencia de la pertenencia a una comunidad, en donde apoyo y me apoyan, y con ello se forjan los lazos de compromiso decidido, que llamamos amor cristiana.
Así que la pregunta de este día es: ¿perteneces a una comunidad?

Azrael el Testigo.

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