Aunque la historia se entiende en sentido lineal en el proceso
de salvación, esto es, hubo un inicio en el tiempo y habrá un final, la iglesia
propone celebraciones que siguen un patrón cíclico, que hacen que cada año se
repitan en un eterno retorno: la liturgia es la misma, los mismos ritos, las
mismas lecturas…
Es así, como recordamos el evento central y el sustento de los
que nos llamamos seguidores de Jesucristo: La Resurrección: el jueves se centra
en la comunidad; el viernes en la disciplina y perseverancia; el sábado en la
esperanza; y el domingo en la transformación.
Un cristiano no solo recuerda la Resurrección de Jesucristo,
sino que la asume en su vida con una actitud de transformación.
Transformarse en la vida es un proceso que dejamos de hacer en
determinados momentos de la vida. Es común ver que siendo niños los cambios son
cotidianos. Lo mismo podemos notar durante la adolescencia. Más al llegar a la
etapa adulta parece que nos detenemos. Solemos asumir la cotidianidad, la rutina
que si bien nos permite responder a la vida diaria, corremos el peligro de
estancarnos.
Por esto, es importante, siempre tener nuevas metas a lograr.
Metas pequeñas, metas grandes, metas a corto, medio y largo plazo. No importa el
área en que sean ni la exigencia, lo que importa es que tengamos ese motivador
para seguir moviéndonos. Es la manera como aseguramos que nos estamos
transformando de manera continúa.
Años atrás, la misma visión de la iglesia se centraba en el
Jesús crucificado, con lo cuál, aprendíamos a estar quietos y dolientes. Hoy en
día, es claro que seguimos a un Jesús Resucitado. Al resucitar Jesús esta vivo,
y la vida es movimiento. La vida es desarrollo, la vida es crecimiento.
Por lo que tenemos que asumir una actitud nueva en la vida.
Tenemos que estar en constante renovación. Y a partir de Jesús resucitado el
mensaje del evangelio cobra sentido, pues todas las ideas que se plasman ahí se
centran en lograr nuestra plenitud. Al seguir al Resucitado formar una
comunidad, el amor, el servicio, la disciplina y la perseverancia, la esperanza
se vuelven las metas a lograr en nuestra vida personal.
Al retomar la Resurrección de Jesús, volvemos a afirmar que
todos y cada uno somos hijos de Dios, hermanos de los demás y señores de la
creación. Nacimos para confiar en Dios, para ser solidarios con los demás, para
saber usar la creación. Las actitudes básicas son la humildad, la igualdad, la
prudencia.
Felices Pascuas de Resurrección. A seguir en movimiento en la
vida.
Azrael el Testigo.
PD, Un servidor se ha quedado quieto en el ámbito físico, por lo que tengo que hacer ejercicio.
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