Evangelio según San Mateo 5,1-12. Al
ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se
acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
"Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de
los Cielos. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los que tienen hambre y
sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque
obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a
Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les
pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y
perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y
regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de
la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron."
Más allá de los ritos se trata de asumir la actitud cristiana
básica que permite caminar hacia la plenitud de nuestra persona.
Por cuestiones históricas, la iglesia promovió que los fieles
participen en los ritos, más que en las enseñanzas del evangelio, más en estos
tiempos no puede centrarse en promover que cumpliendo exclusivamente con los
ritos es como se logra ser un cristiano pleno. No puede pensar que con cada
domingo, con una hora que dura la misa, los cristianos podrán asumir las
enseñanzas de Jesucristo. Y podemos verlo con el impacto que los llamados
seguidores de Cristo, sean católicos y de otra denominación, tienen en el
caminar del país, de su estado, de su ciudad o de su comunidad (ninguna).
La plenitud cristiana se vive cumpliendo las enseñanzas de
Jesucristo en el caminar comunitario. Todo lo demás pierde sentido si no se hace
realidad el sermón de la montaña que el texto del evangelio nos propone hoy.
Ser una persona plena, desde el evangelio, se trata de asumir
las actitudes enunciadas y transformarlas en competencias: confianza, esperanza,
vulnerabilidad, justicia, misericordia, pureza, paz, testimonio.
Así, estas competencias se tienen que reflejar en las
actividades cotidianas. En el día a día. Es por esto que el evangelio no es un
libro de recetas, sino una propuesta de actitudes o competencias que cada uno
puede hacer realidad de acuerdo al momento de vida.
A manera de ejemplo: si desarrollo la competencia de la
confianza, puedo reconocer que Dios se encuentra presente en mi vida; puedo
reconocer que las demás personas no son mis enemigos sino que puedo colaborar
con ellos; puedo aceptar que la vida “confabula a mi favor” para desarrollar mis
capacidades y que sabré responder a las situaciones que se me presenten.
Si desarrollo la competencia de la misericordia, sabré
reconocer como Dios se hace pequeño para estar conmigo; sabré reconocer cuando
los demás necesitan de mi apoyo; y sabré cuidar mi entorno ambiental; además de
desarrollar una sana autoestima que me permita reconocer las propias
limitaciones y tratar a mi propia persona con cariño.
Por lo que, tenemos que modificar nuestra visión de que ser
cristiano es asistir a los ritos y asumir las propuestas del evangelio
desarrollando las competencias cristianas.
Azrael el Testigo.
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