En la vida tenemos que encontrar nuestros mentores o tutores que nos muestren el camino.
En lo personal yo he tenido varios: en mis tiempos de adolescente que estudiaba prepa, apareció Jesús Estrada (sacerdote), en mis tiempos de adulto joven, cuando estudiaba filosofía y teología, apareció Ramón Martínez (sacerdote) y, cuando comencé el servicio en Ojuelos y en la Chona conté con Melesio Ruvalcaba (sacerdote). Y en estos últimos años, he contado con el apoyo de amigos con quienes puedo dialogar ante el acontecer de mi vida y me ayudan a entenderme.
Todas estas personas cumplieron y cumplen con el papel de mostrarme el camino para mi propio desarrollo. Me indicaron los elementos que tenía que aprender para poder crecer en la vida y enfrentar las diversas situaciones que se presentaban.
Para encontrar a Jesucristo, los primeros seguidores recibieron la indicación de parte de Juan el Bautista para poder descubrirlo. Gracias a la predica de Juan y al testimonio que comparte, es cómo pudieron conocer a la persona de Jesús.
Ahora bien, una característica de un tutor es que es temporal. Nos acompaña durante un tiempo y después tenemos que seguir sin él, con lo aprendido. Aceptando un nuevo tutor que nos muestre nuevos caminos. Juan el Bautista, motiva a sus seguidores a dejarlo y seguir a Jesús.
El aceptar tener tutores nos lleva a:
- Tener una actitud de humildad, puesto que reconocemos la necesidad de apoyo.
- Ser agradecidos, pues reconocemos el regalo de su presencia en nuestra vida.
- Ser libres, puesto que el tutor cumple con un ciclo, y tenemos que aceptar seguir adelante sin él.
Azrael el Testigo
PD. Retomaremos las reflexiones dominicales.
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