Evangelio según San Mateo 24,37-44.
En aquél tiempo Jesús dijo a sus discípulos: Cuando venga el Hijo del
hombre, sucederá como en tiempos de Noé. En los días que precedieron al diluvio,
la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; y no
sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo
sucederá cuando venga el Hijo del hombre. De dos hombres que estén en el campo,
uno será llevado y el otro dejado. De dos mujeres que estén moliendo, una será
llevada y la otra dejada. Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día
vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la
noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su
casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la
hora menos pensada.
Desde hace dos mil años tenemos la propuesta del evangelio de
Jesucristo para poder desarrollarnos con una vida llena de plenitud tanto en
nuestra historia temporal como para la eternidad. Y sin embargo perdemos la
brújula en la vida de manera cotidiana.
Dicen los sociólogos que la religión nació para darnos una
respuesta ante la muerte. Y es verdad, la propuesta desde la fe cristiana es que
la muerte es vencida con la Resurrección de Jesucristo. Ante este hecho, el
central de nuestra fe, todas las propuestas realizadas para el caminar
cristiano, cobran sentido.
Así, aunque la muerte esta presente y nos alcanza a todos, hoy
reconocemos que no es sino el paso para la vida trascendente. La vida
trascendente no esta limitada por el tiempo y el espacio, y nos permitirá vivir
en la plenitud que comenzamos a experimentar en nuestra historia personal.
Ahora bien, el encuentro con el Hijo del hombre, desde nuestra
perspectiva no se da sino con la muerte, es un encuentro que no conocemos el día
y la hora en que sucederá, más que tenemos que asumir que en cualquier día y en
cualquier momento acontecerá.
Así, en este inicio del Adviento, es conveniente preguntarnos
si la muerte llega el día de hoy:
-
¿me sentiré satisfecho por mi historia personal, mi proceso de fe?
-
¿me sentiré agradecido por todas las experiencias que se me presentaron, independientemente de su forma (agradable,-desagradable, trascendente-inmanente, motivadora-depresiva, alegre-triste?
-
¿me sentiré parte de una comunidad en la que crecí, aprendí a compartir, a ser solidario, a perdonar?
-
¿me sentiré lleno de paz interior, con la conciencia de haber aportado lo que me correspondía en cada momento de mi vida?
-
¿me sentiré confortado al saber que todo lo que estaba a mi alcance fue realizado?
-
¿me sentiré con los talentos desarrollados y con la capacidad de amar a mi Dios, a mis hermanos(as), a mi entorno?
-
¿me sentiré hijo de Dios, hermano de los demás y señor de la creación?
No sabemos el día y la hora, más si sabemos que en este día y
en esta hora podemos mostrar lo mejor de nosotros, con alegría, con valentía,
con entereza, con humildad.
Buen inicio del Adviento 2016.
Azrael el Testigo
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