En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'. Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".
Todos hemos vivido las dos posturas que el texto nos refleja.
Hemos sentido que nos llenamos de orgullo al compararnos con los demás y hemos experimentado la humildad al reconocer nuestros errores.
La propuesta del evangelio es saber mirar a nuestro interior antes de mirar a los demás. Es otra manera de decirnos, “quien este libre de pecado que tire la primera piedra”.
Cuando tengo la mirada hacia mi persona, esto es, cuando realizo momentos de silencio, momentos de introspección, momentos en que hago un alto para poder observar lo que me acontece en mi interior es cuando puedo crecer como persona, como cristiano.
Al observar mi interior, tengo que ser valiente, tengo que aceptarme, tengo que arriesgarme.
- Ser valiente para enfrentar mis propios fantasmas o monstruos que me asustan y me acompañan en mi caminar. En ocasiones tendrás que tocar esos fantasmas para poder reconocer lo que hay detrás de ellos.
- Tengo que aceptarme con las capacidades y debilidades que forman mi persona. Las capacidades que me permiten enfrentar la vida y las debilidades me hacen pedir ayuda para superarlos. Es importante detenernos en las debilidades, en aquello que me hace pecar, esto es, desviar el camino de mi plenitud. Ser pecador, es olvidar que somos hijos de Dios, hermanos de los demás y señores de la creación. Es perder el orden establecido, que no es para someternos, sino para que desarrollemos nuestro potencial a plenitud.
- Tengo que arriesgarme. Dentro de mi persona, hay toda mi historia, de la cual, muchos acontecimientos he dejado enterrados, más que siguen teniendo influencia en mi comportamiento. Al observarme, tengo que dejar salir estos llamados “traumas”, “complejos”, que trato de no ver en el día a día. Es así, que al entrar a mi oscuridad es como podré llevar la luz.
Azrael el Tesstigo.
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