lunes, 1 de agosto de 2016

Determinar las cosas necesarias en la vida

Evangelio según San Lucas 12,13-21.  En aquel tiempo: Uno de la multitud le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Jesús le respondió: "Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?". Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas". Les dijo entonces una parábola: "Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho , y se preguntaba a sí mismo: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha'. Después pensó: 'Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida'. Pero Dios le dijo: 'Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?'. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios".

¿De qué te ocupas en la vida?, ¿Del dinero o de tu proceso de crecimiento personal, que desde nuestra fe, es vivir como hijos de Dios, hermano de los demás y señores de la creación?
El evangelio señala la gran verdad: el afán por las cosas materiales tienen que ser con prudencia, estableciendo lo que es necesario en nuestra vida.
Y esto es un gran reto en el mundo actual, puesto que todo nuestro entorno social-cultural promueve y establece que solo el “tener” es lo valioso. Que la vida de los “importantes” de hoy se mide por su dinero. 
El sistema capitalista tiene como base el comprar, el gastar, el poseer mercancías y más mercancías. Incluso es conocido que los fabricantes utilizan la obsolescencia programada u obsolescencia planificada. Dicha obsolescencia es la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto, de modo que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño de dicho producto, este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible.
Así, pues, tenemos que ser “violentos” con nuestro entorno actual y con nosotros mismos para poder vencer la tentación de la avaricia, es decir, el poseer y poseer cosas, olvidando que podemos determinar aquello que es lo necesario.

Azrael el Testigo.

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