domingo, 29 de mayo de 2016

El tamaño de mi fe

Evangelio según San Lucas 7,1-10. Cuando Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró en Cafarnaún. Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor. Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: "El merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga". Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: "Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo -que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes- cuando digo a uno: 'Ve', él va; y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: '¡Tienes que hacer esto!', él lo hace". Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe". Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.

El gran reto de un cristiano es tener una fe sólida.
No hablamos de si  aceptas que existe Dios, si aceptas que esta presente en la vida, si vas a misa o cumples con los sacramentos, si haces oración de manera cotidiana.
La cuestión es más profunda. Se trata de qué tan sólida y robusta es la fe que tenemos en Jesucristo, tal manera que, en el día a día, confiamos totalmente en su propuesta y en su autoridad o señorío.
Aceptar que Jesucristo es el Señor, implica aceptar que Él es quien tiene el dominio sobre todo, y ojo, insisto SOBRETODO, más también implica aceptar que la llave para que este poder se manifieste es la solidez de nuestra fe.
Quien determina el nivel de la acción de Dios es el creyente, de manera individual o grupal (si dos o más se reúnen en mi nombre y oran, serán escuchados), por lo que no es que Dios no tenga poder, sino más bien, es el ser humano quien no tiene una fe fuerte.
Y no podemos de señalar que cuando pedimos desde la fe, tenemos que pedir por los otros, puesto que es una de los pilares de la fe cristiana: el servicio. Es lo que hace el centurión, pide por un sirviente suyo.
Por lo que hay que preguntarnos:
¿De qué tamaño es tu fe? En conocida la imagen que si es del tamaño de una semilla de mostaza moverá montañas.  Si tienes la fe sólida, Dios actuará de tu lado y realizará lo que pides.

Azrael el Testigo.

domingo, 22 de mayo de 2016

Aprender a escuchar

Evangelio según San Juan 16,12-15. En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'."

Estamos inundados de mensajes externos con la proliferación de los medios de comunicación y llenos de mensajes internos con la preocupación de la vida cotidiana.
El ruido nos distrae, nos hace alejarnos de nuestros sueños, nos hace centrar la atención en los detalles más que en los elementos centrales, nos hace buscar respuestas inmediatas y fáciles, nos hace olvidar que la propuesta del evangelio es el camino para ser plenos.
Ahora bien, la base para el crecimiento personal desde el evangelio es saber escuchar. Es a través de los oídos como la Palabra se hace presente en nosotros. Es a través de los oídos como escuchamos las mociones del Espíritu quien nos guía en nuestro proceso personal. Es a través de los oídos como somos capaces de escuchar los mensajes de los demás compañeros de viaje.
Y quien aprende a escuchar, aprende a dejarse guiar, aprende a ser discípulo,  aprende a obedecer, aprende a ser libre.
Escuchar a Dios es la base de la fe, y ya sabes que tienes que leer el evangelio, hacer meditación, guardar silencio, asistir a retiros…
Azrael el Testigo

domingo, 15 de mayo de 2016

Los mandamientos de un cristiano

Evangelio según San Juan 14,15-16.23b-26. En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: Jesús le respondió: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»

El amor a Jesucristo se manifiesta en cumplir sus mandamientos.
Cuando escuchamos mandamientos pensamos en automático en los 10 que nos enseñaron en el catecismo. Más, estamos en un error, los mandamientos dados a Moisés son para los creyentes del antiguo testamento.
Para los seguidores del evangelio los mandamientos de Jesucristo se encuentran a lo largo de todo el texto, y podemos sintetizarlos en la humildad, el servicio y la pobreza.
La humildad implica que somos aprendices, que el poder esta en Dios y no en nosotros. En esto consiste el Principio y Fundamento de Ignacio de Loyola: yo no soy Dios solo soy una creatura finita, limitada y necesitada.
El servicio implica que tengo que estar abierto a los demás. Tengo que dejar mi mundo y participar en el mundo común para aportar. El servicio es a los demás, a los prójimos, pues como bien señala el mismo evangelio, no podemos decir que amamos a Dios a quien no vemos sino somos capaces de amar a los demás a quienes si vemos.
La pobreza conlleva que se utilizar las cosas y las situaciones. Soy capaz de soltar, de fluir. De vivir y disfrutar lo que la vida me da el día de hoy, y al terminar el día, dejarlo a un lado, para poder vivir y disfrutar lo que el siguiente día me regalará. Es vivir con el pan de cada día.
Hoy celebramos la presencia del Espíritu Santo. Su misión es que tengamos la fuerza para vivir los mandamientos del evangelio. Que su presencia nos guié para lograrlo.
Azrael el Testigo

domingo, 8 de mayo de 2016

Saber enseñar

Evangelio según San Lucas 24,46-53. Y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto." Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto". Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.

Los líderes enseñan a sus discípulos para que trasciendan y compartan lo que han aprendido.
La Ascensión  de Jesucristo señala este proceso y la palabra clave que el texto señala es “Ustedes son los testigos de todo esto”.
Por lo que su misión es clara: dar testimonio del evangelio de Jesucristo.
Todos quienes somos educadores, y los padres de familia lo somos, los que tienen personas bajo su cargo en cualquier ámbito, tenemos la responsabilidad de enseñar a los demás y dejarlos crecer más allá de nuestro espacio.
Es un orgullo poder saber que otros nos dicen: ¡ lo que aprendí de ti ahora lo enseño a otros!.
¿Cuáles son las actitudes de una persona que enseña?
a) No se siente dueño de lo que enseña, pues el mismo se reconoce discípulo.
b) Reconoce que se hace experto entre más enseña. La reflexión sobre lo que enseña y el buscas nuevas maneras de compartirlo es una actitud constante.
b) Siempre esta dispuesto a compartir sus enseñanzas, pues es el centro de su misión de vida.
Gracias a esta actitud es como hoy podemos conocer  la propuesta del evangelio, porque Jesús enseño a sus apóstoles y ellos  a la siguiente generación, y así hasta nuestros días.

Azrael el Testigo

domingo, 1 de mayo de 2016

Asumir la fidelidad al evangelio

Evangelio según San Juan 14,23-29.  Jesús le respondió: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.» Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡ No se inquieten ni teman ! Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.

No inquietarse ni temer es una de las bases de la fe cristiana. El seguidor de Jesucristo vive la vida con paz y armonía, pues reconoce que la presencia de Dios le da sustento en la vida por lo que vive la fidelidad al evangelio.

Un signo del amor es la fidelidad a las palabras de Jesús, nos dice el texto de este día.

La fidelidad implica conocer el objeto o sujeto de nuestra fe. Por lo que la primer pregunta es ¿conoces las palabras de Jesús?

La fidelidad implica congruencia con el objeto o sujeto de nuestra fe. ¿qué tanto en tu vida cotidiana haces realidad la propuesta de vida de Jesucristo?

La fidelidad implica ser testigo del objeto o sujeto de nuestra fe. ¿Qué tanto te animas a propagar las palabras de Jesús en los ámbitos que te desarrollas: familia, trabajo, amigos, etc.?

Hoy se nos anuncia la venida del Espíritu Santo, quien seguirá la misión de dar la fuerza y la valentía a quienes hemos optado por el evangelio de Jesucristo. No tengamos miedo, la fidelidad es nuestro escudo cotidiano.

Azrael el Testigo