domingo, 24 de abril de 2016

Lo que distingue a un cristiano

Evangelio según San Juan 13,31-33a.34-35. Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'. Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros".

No hay vuelta de hoja, si bien a lo largo de la historia la fe cristiana se institucionalizó y generó procesos y ritos que la identifican, no es esto lo que distingue a los seguidores de Cristo.
Lo que distingue a los cristianos lo dice claramente el texto dominical: es el amor que se tienen unos a los otros.
Por lo que me atrevo a afirmar que todavía tenemos mucho que hacer para poder mostrar que somos discípulos de Jesucristo y seguidores de su propuesta evangélica.
Así, aunque la misma jerarquía de la Iglesia se defienda, considero que ha errado el camino al menos para el grueso de los mismos bautizados y para todos los seres humanos. En el camino se hizo aliada del poder, incluso llegó a hacer la guerra para defender un pedazo de tierra (sea Jerusalén o el Vaticano), y en vez de manifestar el amor, justificó la muerte de seres humanos de diversas creencias (cristianos y musulmanes),  incluso dentro de los mismos llamado cristianos (católicos y protestantes)
Lo bueno es que no han faltado los profetas que recordaron de que se trata la fe: Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Arnulfo Romero, Teresa de Calcuta y muchos otros anónimos que en su entorno particular supieron mostrar el amor a sus semejantes.
Así, que la pregunta es obvia: ¿cómo manifiestas el amor a los demás y cómo dejas que los demás manifiesten el amor hacia ti?
Solo para recordar: el amor a los demás se manifiesta a través de la comprensión (el perdón) y la ayuda mutua (la solidaridad).
Azrael el Testigo.

domingo, 17 de abril de 2016

La base de la fe no es la obediencia sino la confianza

Evangelio según San Juan 10,27-30.  Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa".

Para muchos les causa desazón el pensar en obedecer. Más aún, e nuestro mundo occidental, que defendemos nuestras libertades individuales como lo más sagrado.
Y es por esto que chocan con la propuesta de la fe que pide aceptación a una serie de propuestas de vida.  La visión del concepto de oveja, conlleva el pensar en sumisión, en dejarse guiar por otros, el renunciar a la propia personalidad.
La interpretación que propongo a partir de la analogía de las ovejas, es más desde, la visión de la confianza.
La confianza es la “esperanza firme que una persona tiene en que algo suceda, sea o funcione de una forma determinada, o en que otra persona actúe como ella desea”.
Por lo que un seguidor de la propuesta de Jesucristo, basa la opción en que Dios siempre actuará como lo propone el evangelio: como un padre/madre amoroso, que sabe lo que necesitamos, que camina a nuestro lado, que nos fortalece, que nos guía ante las diversas situaciones que se nos presentan.
La confianza de que Dios tiene una sola palabra: ama a los seres humanos y nos ofrece la vida eterna.
Por lo que tenemos que preguntarnos ¿qué tanta confianza hay en nuestra persona?, ¿Nos asustamos de la vida?, ¿buscamos atajos o respuestas en otras propuestas?, ¿no tomamos riesgos?, ¿nos perdemos en la rutina?; ¿cerramos los ojos a nuestro entorno?, ¿no somos solidarios por temor a quedarnos sin nada?, ¿nos cuesta amar a  los demás?, ¿no sabemos pedir ayuda?, ¿guardamos rencores?, ¿nos sentimos con baja autoestima?, ¿vivimos pensando en el tener y tener más que en el ser?
Si lo anterior te refleja de alguna manera y es una constante en tu vida, es signo de que hay que crecer en la fe en el Dios de Jesucristo.
Azrael el Testigo.

domingo, 10 de abril de 2016

Seguir a Jesús: la base de la fe cristiana.

Evangelio según San Juan 21,1-19.  Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No". El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar". Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". El le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos". Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". El le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas". Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras". De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".

Una de las invitaciones constantes de Jesús durante su ministerio de tres años se centraba en la palabra ¡sígueme!
Y en este texto del encuentro con los apóstoles después de la Resurrección termina con dicha palabra.
Hoy en día nos hemos acostumbrado a aprender las cosas de manera racional. La historia de la humanidad, al menos en esta región del mundo, nos hemos centrado en buscar explicaciones racionales de todo lo que acontece.  El mundo de la ciencia que permea todos los ámbitos también ha permeado a nuestra fe. Razón por lo cual, al menos a mi generación, se nos enseño el catecismo, o más bien, se nos dijo que aprendiéramos el catecismo. No importaba que no entendiéramos, con que pudiéramos repetirlo era suficiente. Además, se nos dijo que cumpliéramos los sacramentos, no importaba sino sabíamos de que se trataban. Y aprendimos que de eso se trataba la fe cristiana. lo cual ciertamente es una visión parcial.
La fe cristiana se basa en el seguimiento, es decir, en el hacer lo que Jesucristo hizo: Anunciar la Buena Nueva, ayudar a los demás,  vivir en comunidad.
El seguimiento nos hace participar en la comunidad, ser “sal de la tierra”, ser “granos de mostaza”, ser “luz que alumbra”, ser "multiplicadores de pan y de peces”, ser capaces de “mover montañas”, ser “pobres de espíritu”…
Así que la pregunta es ¿cómo manifiestas en tu vida el seguimiento a Jesús?
Azrael el Testigo.

domingo, 3 de abril de 2016

¿Has tenido una experiencia personal de Jesucristo?

Evangelio según San Juan 20,19-31. Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!". Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

La gran aventura es tener la experiencia personal de Jesucristo en la vida, pues sin ella, no podemos volvernos testigos de la vida que Él nos ofrece.

Así que tenemos que preguntarnos: ¿cuál es mi experiencia personal de Jesucristo?

La experiencia de Jesús se vuelve una experiencia cumbre.
De acuerdo a Joaquín Fernández de la Pradilla Arrien,  las características de las experiencias cumbre que derivo Wlater Pahnke desde el trabajo de Maslow , son las siguientes:
  • Unidad (interna y externa)
  • Una fuerte emoción positiva
  • La trascendencia a las categorías espacio y tiempo
  • Sentido de lo sagrado (numinosidad)
  • Naturaleza paradójica
  • Objetividad y realidad de las percepciones obtenidas
  • Inefabilidad
  • Efectos posteriores positivos}
Esto es, una experiencia cumbre marca la vida personal y la transforma, nos hace asumir una postura diferente ante la vida.

Hace una semana recordamos la Resurrección y te hacia la pregunta si ¿algo había cambiado en ti?, la cuestión se vuelve a plantear ahora desde otra perspectiva.

Aceptar a Jesús en la vida tiene que manifestarse con efectos posteriores positivos, que desde la visión del evangelio, serían las actitudes básica de confianza en Dios, solidaridad y comprensión con los demás, y la prudencia en el uso de las cosas y la vivencia de situaciones.

La confianza de que Dios camina a nuestro lado, nos permite superar el mal de nuestro siglo como es el miedo (reflejado en el estrés y en la violencia; la comprensión y la solidaridad con los demás, nos hacen abrirnos y aceptar que tenemos socios en la vida, que aunque saben que nos equivocamos están con nosotros y que dejan que les apoyemos con nuestras capacidades; la prudencia nos permite saber que hacer ante las situaciones que vivimos, aunque estas sean dolorosas o incómodas, así como el saber usar las cosas para el servicio personal y comunitario.

Así, que en este tiempo de pascua, busca tener la experiencia personal de Jesucristo… para ello medita, asiste a un retiro, lee la biblia… es decir, haz silencio en tu vida..


Azrael el Testigo.