domingo, 20 de diciembre de 2015

Sucede lo que creemos

Evangelio según San Lucas 1,39-45. María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".

Esta afirmación es básica desde la perspectiva de la fe y se repite a lo largo del evangelio: nos sucede en la vida lo que creemos.
Por lo que tenemos que preguntarnos, aunque parezca obvio: ¿en qué creemos?
La iglesia enseño a mi generación (soy de 1967) que:
  • Existe Dios más nos enseñaron la idea de un Dios que castiga, que esta centrado en ver el pecado que hacemos y aprendimos a tener miedo de ser castigados y a hacer el pecado a “escondidas”, “cuando Dios no nos ve”.
  • Cumpliendo con los sacramentos era suficiente y nos acostumbramos a “ir a misa” aunque fuera en la jardinera enfrente del templo; a bautizar a los hijos, aunque ese mismo día lo más importante fuera la fiesta con la comida y la bebida; a ir a la “primera comunión” aunque solo hubiéramos aprendido de memoria todas las oraciones sin saber en realidad que significaban; a casarse por “la iglesia” para no estar “en pecado” pues así era oficial la intimidad…
  • Éramos culpables de la muerte de Jesús en la cruz y por lo tanto teníamos que “ganarnos el cielo” con penitencias y sacrificios. Y se nos enseño a ser “víctimas” y a “sufrir”.
  • Una cosa era la vida de fe y otra cosa la vida cotidiana, por lo que aprendimos a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César y no aprendimos a ser profetas ni testigos del evangelio.
Y las consecuencias ya las conocemos, millones de católicos bautizados sin ser agentes del cambio, sin comprometerse con su crecimiento personal, sin buscar transformar su entorno social, sin proponer caminos para superar la pobreza, la violencia, la marginación, la corrupción….
Mi respuesta sintetizada a la pregunta inicial es la siguiente:
  • Creo que el evangelio de Jesucristo es el camino para ser plenos. Es lo que me hace afirmar que yo soy hijo de Dios, hermano de los demás y señor de la creación. Por lo que afirmó que Dios me cuida, que los demás me apoyan y que la creación me ofrece lo que necesito para lograr la meta de la plenitud.
  • Creo que se necesita una experiencia personal de Jesucristo y esta nace del testimonio de otras personas que ya lo han experimentado. En mi caso, el sacerdote Melesio Rubalcava me lo mostró… y después de él pude aprender del testimonio de más personas… y buscar tener mi propia experiencia de confianza de la presencia de Dios en mi vida.
  • Creo que la fe en Jesucristo se tiene que mostrar en la comunidad para que sea real. Todo el evangelio de Jesucristo pasa por los demás en una dinámica constante. Es el eteno retorno del dar-recibir. Por lo que formar una comunidad es esencial. De ahí que haya decidido formar una familia, tener amigos y amigas, apoyar en un grupo scout, apoyar a los compañeros en el trabajo.
  • Creo que la fe es dinámica y tiene respuestas a lo que nos acontece en el día a día. Por lo que tengo que acercarme al evangelio, tengo que hacer meditación, participar en algún retiro, leer, dialogar con otras personas…
La experiencia de Jesucristo sucede de acuerdo a nuestra fe. Sucede de acuerdo a que creemos que “se cumplirá lo que nos fue anunciado de parte del Señor”.
Así que, aunque es verdad que Dios fortalece la fe, necesitamos hacer la opción personal pues de otra manera no pasará nada, pues Dios respeta nuestra libertad de tal manera que no se impone en nuestra vida. Dale la oportunidad, ¡vale la pena!

Azrael el Testigo

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