domingo, 24 de mayo de 2015

Escuchar y dejarse guiar por el Espíritu

Evangelio según San Juan 15,26-27.16,12-15. En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio. Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'."

Celebramos el día de hoy el regalo de la presencia del Espíritu Santo.

En el proceso de la salvación tenemos que Dios Padre es Creador, Dios Hijo es Salvador y Dios Espíritu Santo es Santificador.

El proceso de crecimiento en la fe cristiana en el día a día es el proceso de santificación. Así, ser santo no es llegar al cielo, sino hacer realidad, en nuestra historia personal y comunitaria, el mensaje, los principios, los valores, los mandatos propuestos por Jesucristo.

Y como sabemos, esto no lo podemos hacer por nuestras propias fuerzas. Necesitamos que haya la fuerza y la guía que el Espíritu Santo significa.

Para poder dejarse guiar por el Espíritu Santo necesitamos:

  • Saber escuchar su murmullo. Hay que hacer silencios y meditar para reconocer las mociones o murmullos que nos comparte.
  • Dejarse guiar. Ser discípulo sigue siendo un elemento fundamental.

¿Cómo saber que estamos siguiendo las mociones del Espíritu Santo?

  • Todo tiene que coincidir o  profundizar con el mensaje del Evangelio.
  • Nos da el valor para ser testigos de nuestra fe.
  • Y además, tiene que generar paz interior, ya que esta sensación es fundamental para reconocer que es el Espíritu quien nos guía.

El Espíritu Santo es continuidad no ruptura.

Azrael el Testigo.

domingo, 17 de mayo de 2015

¿Cuáles son nuestros milagros?

Evangelio según San Marcos 16,15-20. Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación." El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán". Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.

Este domingo  celebramos la Ascensión de Jesús, o como digo yo, el día en que los seres humanos nos graduamos en el proceso de fe, puesto que el Maestro nos deja la labor de anunciar el evangelio y seguir su misión.

Jesucristo confía en que tenemos ya los elementos para ser testigos de su Resurrección:

Ya podemos mostrar a los demás que hemos aceptado ser hijos de Dios y por lo tanto caminamos con plena confianza día a día;

Ya podemos mostrar a los demás que son nuestros hermanos y por esto reconocemos que podemos apoyarlos con nuestras capacidades y pueden ayudarnos con nuestras limitaciones. Así mismo, aceptamos vivir el perdón entre nosotros pues sabemos que el error es parte de nuestro proceso de vida.

Ya podemos mostrar a los demás que somos señores de la creación, por lo que somos prudentes en el uso de las cosas y ante las situaciones que se nos presentan en la vida.

Por lo anterior, somos capaces de hacer milagros que dan fuerza a nuestro testimonio.

Si lo anterior te suena a ficción.. algo tienes que hacer para fortalecer tu fe y ser testigo de la Buena Nueva de Jesucristo, y mostrar que eres un adulto en tu proceso de la fe cristiana.

Y claro… dejar una estela de milagros a tu paso….

Azrael el Testigo-

domingo, 10 de mayo de 2015

El amor como centro de la vida cristiana

Evangelio según San Juan 15,9-17.  Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.» Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»

Este evangelio es directo respecto de lo que se pide vivir a los cristianos.

Nos pide que exista una relación de amor entre los creyentes. Y la primera comunidad lo entendió tan bien que las demás personas reconocían dicha actitud.

La gran pregunta es ¿a qué se refiere Jesús cuando habla de amar?

Nos han vendido una versión romántica del amor y tenemos que tener claro que la propuesta del evangelio no se refiere a ello.

¿Cómo nos ama Jesús?

Esto se puede describir con los siguientes aspectos:

Lo primero es que Él da la vida por los demás. Y es la gran medida que el mismo señala.

En segundo lugar Jesús nos reconoce como iguales. Así, supera la visión jerárquica que solemos tener en la sociedad, en donde, algunos viven sometidos a otros.

En tercer lugar el amor es una elección personal. No se ayuda a los demás como un pago o retribución sino por una decisión personal.

Finalmente, el amor cristiano es trascendente, nos lleva a transformar nuestro entorno y a motivar a otros a seguir la vivencia cristiana.

El amor cristiano es exigente y transformador. El amor es dar la vida por los amigos como Jesús nos ha amado.

Azrael el Testigo.

domingo, 3 de mayo de 2015

La comunidad es la base de todo

Evangelio según San Juan 15,1-8. Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»

Un cristiano tiene que desarrollarse dentro de un grupo para poder lograr ser pleno.

Por lo que es importante ser parte de procesos comunitarios. No importa en cual ámbito: social, económico, político, ciudadano, eclesial…

Al ser miembro de una comunidad se aprende a:

  • Ser humildes. Reconocemos que somos necesitados. Los demás nos completan y nos ayudan a seguir creciendo.
  • Ser solidario. Compartimos el apoyo entre los miembros del grupo.
  • Ser subsidiario. Nos apoyamos solo en la medida que cada uno lo necesita, permitiendo que cada uno logre su propio desarrollo.
  • Ser tolerante. Aprendemos a superar los obstáculos y los problemas que se nos presentan en el compartir con los otros.
  • Ser dialogantes. Reconocemos la capacidad de compartir y escuchar como la base del crecimiento y los acuerdos entre los miembros del grupo.

Ser parte de algo más grande como es la comunidad de creyentes permite transformar nuestra realidad. Y es el camino para descubrir a Dios en nuestra vida.

En estos últimos 40 días, tiempo que duró la enfermedad de mi madre, es lo que buscamos aprender a vivir: ser la comunidad de sus hijos(as) y nietos(as).

Azrael el Testigo.