Evangelio según San Marcos 16,1-8. Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al sepulcro. Y decían entre ellas: "¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?". Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande. Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas, pero él les dijo: "No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto. Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se lo había dicho". Ellas salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.
Quien ama asume la actitud de esperanza.
El sábado santo es el tiempo para reflexionar sobre la esperanza en la vida.
La esperanza es un estado de ánimo optimista basado en la expectativa de resultados favorables relacionados a eventos o circunstancias de la propia vida o el mundo en su conjunto. En este caso, tenemos la conciencia de que Jesús cumplirá su palabra y Resucitará.
La esperanza implica los siguientes elementos:
a) Un estado de ánimo optimista. Se tienen claras las certezas que nos mueven en la vida. Retomamos el mensaje de Jesús y creemos en las palabras que nos compartió. Creemos que su evangelio da respuestas a nuestros procesos personales y comunitarios de crecimiento.
b) Un estado de confianza. Tenemos la conciencia interior de que estamos parados en un lugar seguro. La imagen más fuerte de la confianza es el niño que se anima a caminar, a probar cosas porque “se sabe cuidado y protegido por un adulto”, por sus padres. El niño no puede explicar la sensación, más sabe que esta presencia le guiará para lograr sus metas. Sabemos que Dios Padre/Madre camina a nuestro lado.
c) Se saben asumir los tiempos. Se reconoce que todo es un proceso y tiene sus tiempos de realización. Se tiene la capacidad de ser profetas, porque se sabe leer la historia, sus momentos y sus hitos. Así, las decisiones no son precipitadas sino que tienen sustento en la visión de todo el proceso.
d) Pide el caminar en la vida. La esperanza nos lleva a lograr nuestras metas. Por lo que no podemos quedarnos quietos. La confianza en que estamos llamados a lograr nuestra misión nos “jalonea” para caminar, para superar los errores, para no quedarnos con la satisfacción inmediata de un triunfo, para evaluar el proceso, para planear los pasos que siguen.
La esperanza es un reto para los cristianos. En un mundo que quiere que todo sea rápido y sencillo, se nos recuerda que lo que nos moldea el carácter personal y comunitario implica un proceso lento, progresivo y gradual.
Azrael el Testigo.
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