domingo, 8 de marzo de 2015

Lo que hay en nuestro interior

Evangelio según San Juan 2,13-25.  Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.

En los procesos de planeación podemos añadir un elemento que se denomina Misión Personal.

El término de Misión Personal fue acuñado y/o popularizado por Stephen Covey en su libro Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva. El Enunciado de Misión Personal expresa el sentido o propósito de nuestra vida. Tenerlo presente es crucial para asegurarnos que estamos yendo en la dirección correcta; es decir, la dirección que nosotros mismos definimos que queremos seguir en nuestra vida.

El enunciado de nuestra misión personal es como nuestra constitución personal, es la base sobre la cual surgen nuestras decisiones, se centra en lo que uno quiere ser y hacer. Es el núcleo invariable conforme al cual desarrollamos toda nuestra vida.

Cuando se ha adquirido ese sentido de misión, cuando hemos hecho una lista de las cosas que realmente nos importan en cada uno de nuestros roles, se posee la esencia de la propia proactividad. Estamos en posesión de los valores que dirigen nuestra vida, de la dirección básica en virtud de la cual establecemos nuestras metas a corto y largo plazo. Contamos con el poder de una constitución escrita basada en principios correctos, que permite evaluar efectivamente todas las decisiones concernientes al uso más efectivo del tiempo, del propio talento y energía.

Así, tenemos que preguntarnos ¿tenemos clara nuestra misión personal?, ¿sabemos cuáles son los valores que nos mueven más allá de las circunstancias?

Para los cristianos la visión de ser Hijos de Dios, hermanos de los demás y señores de la creación, nos genera los elementos o valores fundamentales de nuestra MISIÓN:

    • La confianza. Se tiene la certeza de que Dios Padre/Madre nos tiene bajo su cuidado y hasta el más pequeño de nuestros cabellos esta protegido.
    • La humildad. Nos reconocemos llenos de capacidades y límites, santos y pecadores.
    • La solidaridad. Nos apoyamos unos a otros para lograr las metas. Con mis capacidades te apoyo para que superes tus limitaciones.
    • El perdón. Reconocemos que nuestras limitaciones nos llevan a equivocarnos, por lo que aceptamos que hay momentos en que estas limitaciones nos llevan a herir a los demás.
    • La prudencia. Saber usar las cosas en el momento preciso y aprovechar las oportunidades de la vida nos permiten contribuir al desarrollo personal y social.

Así, asumir esta misión de hacer realidad los valores mencionados hará que nuestro interior este lleno de la presencia de Dios y con ello, tener la capacidad de ser testigos de la Buena Nueva del evangelio.

Azrael el Testigo.

Referencia: http://habitosdecoveyymas.blogspot.mx/2007/06/segundo-hbito-empiece-con-un-fin-en.html

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