Evangelio según San Juan 1,35-42. Estaba Juan Bautista otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios". Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.
El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?". "Vengan y lo verán", les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido significa Pedro.
¿Cómo fue tu primer encuentro con Jesucristo? ¿Te acuerdas de ese momento?
En el texto de este domingo se manifiestan algunas características que se hacen presentes en los encuentros con Jesús:
- Es una experiencia personal. Aunque somos millones que nos decimos cristianos, la realidad es que no tenemos experiencias colectivas sino personales. Cada uno descubre a Jesús en su vida y este encuentro responde a las circunstancias personales.
- Es una experiencia que uno decide buscar. Jesús es respetuoso de nuestros procesos personales. No se impone a nuestra voluntad. Uno tiene que decidir acercarse a Él. Uno tiene que buscarlo para poder estar con Él. Es un hecho que si nos acercamos el nos recibirá y podremos ver y estar en el espacio “en donde vive”.
- Es una experiencia que marca una diferencia. Al conocer a Jesús no podemos seguir con el mismo estilo de vida. Se impone un cambio. Esta manera nueva se refleja con el cambio de nombre, puesto que nos convertimos en una nueva persona. Así mismo, no podemos quedarnos sin compartir lo que vivimos con Él. Nos volvemos testigos de Jesús.
Un servidor tuvo su primer encuentro personal con Jesucristo en un retiro de semana santa por el año de 1983. Si bien desde niño participé en el catecismo y además asistía regularmente a la liturgia eucarística, no fue sino hasta este retiro que tuve la experiencia de la presencia personal de Jesús. Si bien es una experiencia íntima, que surge en el interior de nuestra persona, sus efectos se manifiestan en las actitudes que se comienzan a asumir y en los comportamientos que se asumen. Una consecuencia que surgió de dicha experiencia fue aceptar que el amor de Dios se puede experimentar, y que el hacer oración es un camino de crecimiento necesario para los seguidores del evangelio.
Si ya experimentaste a Jesús, comparte tu encuentro con otros. No puedes quedarte callado.
Si aun no lo has experimentado, busca “en donde vive”, esto es, haz oración, participa en algún retiro, medita a partir del evangelio…. te aseguro que te cambiará la vida.
Azrael el Testigo
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