Evangelio según San Mateo 18,15-20. Jesús dijo a sus discípulos: Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano. Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.
La comunidad es quien fortalece el individuo.
En la historia de la humanidad podemos encontrar como en los inicios, el individuo necesitaba a la comunidad para poder sobrevivir. Sin el apoyo de los demás era imposible que pudiera enfrentas los enemigos naturales con los que se enfrentaba: la tormenta, el cambio de estaciones, los animales más fuertes, otros grupos humanos.
El ser parte del grupo daba seguridad, alimentación y las opciones de poder desarrollarse.
La historia nos refleja que la identidad personal estaba relacionada con la pertenencia al grupo, a la tribu, a la ciudad, a la nación. Aún vivimos la experiencia extrema de nacionalismos y guerras étnicas, principalmente en el mundo de oriente y oriente medio. Aunque, en este lado del mundo también se hace presente como en el fenómeno de la migración hacia Estados Unidos, la identificación con un partido político, con un equipo de futbol, etc.
En el mundo occidental, del cual formamos parte, hace pocos siglos, la humanidad se dio cuenta que el individuo era importante. La consecuencia de esto son los derechos humanos que defienden las libertades individuales.
En nuestra visión actual occidental vivimos considerando que lo más importante es el individuo. La corriente liberal considera como premisa que “si cada uno esta bien, la comunidad estará bien” y considera que solo se trata de que todos tengan las misma oportunidades (educación, salud, seguridad, etc.) para que logren ser felices.
La consecuencia de la visión liberal es que nos hemos vuelto egocéntricos, nos cuesta trabajo pensar en términos del otro. En México, encuestas recientes han mostrado que solo somos capaces de pensar hasta los límites de la familia. Fuera de la familia, los demás no nos interesan.
La Iglesia participó en este fenómeno al centrarse en que las personas asistieran a los ritos litúrgicos y dejarán de lado la construcción de la comunidad. La visión piramidal eclesial no permite la participación de los fieles en la toma de decisiones del caminar en la fe.
Se tiene que recuperar el formar parte de la comunidad. Se tienen que revalorar las relaciones que construyen al grupo. Se tienen que plantear objetivos comunes y metas en las que todos aporten su granito de arena. Hay que construir una comunidad en la que las personas sean capaces de dialogar, superar los obstáculos y las diferencias naturales de personas que tiene ideas diferentes.
La comunidad cristiana se tiene que distinguir por hacer realidad la comunión y la participación. Solo así se podrá hacer realidad lo que el evangelio de este día nos propone.
Azrael el testigo