domingo, 28 de septiembre de 2014

Decir vs Hacer

Evangelio según San Mateo 21,28-32. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: 'Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña'. El respondió: 'No quiero'. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: 'Voy, Señor', pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?". "El primero", le respondieron. Jesús les dijo: "Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él".

La palabra convence más el ejemplo arrastra.

Este texto no requiere mucho análisis para comprender los elementos que nos invita a vivir:

Se trata no sólo de conocer el evangelio sino de ponerlo en práctica.

Por lo que, de nada sirve si nos aprendemos todo el texto del evangelio o si participamos en todas las actividades litúrgicas sino logramos hacer realidad los valores cristianos en nuestra vida cotidiana.

Se trata de mostrar que vivimos llenos de confianza, que somos solidarios y comprensivos, además de ser prudentes en el uso de las cosas.

Azrael el Testigo.

domingo, 21 de septiembre de 2014

El tiempo del encuentro con Dios

Evangelio según San Mateo 19,30.20,1-16.  Jesús dijo a sus discípulos: «Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros. porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'. Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'. Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'. El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'. Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».

El regalo de Dios es el mismo para todos los seres humanos.

Aunque este regalo no se entrega al mismo tiempo a las personas ya que Dios respeta los procesos de cada uno.

Así, es que algunos se encuentran con la presencia de Dios en los inicios de su vida y hacen una opción por mostrar a todos el amor de un Dios Padre/Madre que nos ama.

Otros tienen que enfrentar situaciones en su vida que les mueve a preguntarse sobre las cuestiones básicas de la vida y a partir de la búsqueda de respuestas encuentran la propuesta del evangelio de Jesucristo.

Y algunos otros, parece que  a lo largo de su vida, el factor trascendencia, el vivir los valores del Reino es algo extraño. Y por alguna circunstancia es al final de su vida cuando deciden hacer la opción por Dios.

Así, no importa en que momento nos encontremos con Dios, en ese momento recibimos todo lo que Él nos ofrece: la confianza en su presencia amorosa, una comunidad de hermanos que nos mueve a ser solidarios y comprensivos; y el saber usar las cosas con prudencia.

Más que una frase negativa, que hace ver que algunas pierden, tenemos que verla desde la perspectiva de que todos reciben lo mismo de Dios.

¿En qué momento de tu vida te encontraste con el amor de Dios?

Azrael el Testigo.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Dios quiere salvarnos

Evangelio según San Juan 3,13-17. Jesús dijo a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»

Una de las perspectivas que la Iglesia siguió promoviendo durante años es que Dios es castigador.

Se enseño que Dios estaba centrado en descubrir el lado oscuro de nuestra persona y que su dedo acusador siempre estaba listo para mostrar la justicia divina.

Sin embargo, la misión de Jesucristo, su proceso de muerte y resurrección, tiene como único objetivo que el ser humano pueda vivir las herramientas que necesita para ser salvo, para que tenga salud, para que se logre el equilibrio en su vida.

Así, la propuesta del evangelio para que tengamos el equilbrio en nuestra persona es que asumamos que somos hijos de Dios, hermanos de los demás y señores de la creación.

Las actitudes que tenemos que asumir como consecuencia de lo anterior es caminar llenos de confianza (pues somos hijos de Dios); ser comprensivos (perdonar) y solidarios (ayudar) con los demás pues son nuestros hermanos, que al igual que nosotros tienen capacidades y límites; y ser prudentes en el uso de las cosas y de las situaciones, lo cual manifiesta nuestro señorio ante ellas.

Superar la perspectiva del Dios castigador  para asumir la del Dios que quiere lo mejor para nosotros, nos lleva a superar el miedo y ser protagonistas de nuestra historia y de la construcción de la comunidad.

¿Te animas a modificar tu perspectiva?

Azrael el Testigo

domingo, 7 de septiembre de 2014

La fuerza de la comunidad

Evangelio según San Mateo 18,15-20.  Jesús dijo a sus discípulos: Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano. Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.

La comunidad es quien fortalece el individuo.

En la historia de la humanidad podemos encontrar como en los inicios, el individuo necesitaba a la comunidad para poder sobrevivir. Sin el apoyo de los demás era imposible que pudiera enfrentas los enemigos naturales con los que se enfrentaba: la tormenta, el cambio de estaciones, los animales más fuertes, otros grupos humanos.

El ser parte del grupo daba seguridad, alimentación y las opciones de poder desarrollarse.

La historia nos refleja que la identidad personal estaba relacionada con la pertenencia al grupo, a la tribu, a la ciudad, a la nación. Aún vivimos la experiencia extrema de nacionalismos y guerras étnicas, principalmente en el mundo de oriente y oriente medio. Aunque, en este lado del mundo también se hace presente como en el fenómeno de la migración hacia Estados Unidos, la identificación con un partido político, con un equipo de futbol, etc.

En el mundo occidental, del cual formamos parte, hace pocos siglos, la humanidad se dio cuenta que el individuo era importante. La consecuencia de esto son los derechos humanos que defienden las libertades individuales.

En nuestra visión actual occidental vivimos considerando que lo más importante es el individuo. La corriente liberal considera como premisa que “si cada uno esta bien, la comunidad estará bien” y considera que solo se trata de que todos tengan las misma oportunidades (educación, salud, seguridad, etc.) para que logren ser felices.

La consecuencia de la visión liberal es que nos hemos vuelto egocéntricos, nos cuesta trabajo pensar en términos del otro. En México, encuestas recientes han mostrado que solo somos capaces de pensar hasta los límites de la familia. Fuera de la familia, los demás no nos interesan.

La Iglesia participó en este fenómeno al centrarse en que las personas asistieran a los ritos litúrgicos y dejarán de lado la construcción de la comunidad. La visión piramidal eclesial no permite la participación de los fieles en la toma de decisiones del caminar en la fe.

Se tiene que recuperar el formar parte de la comunidad. Se tienen que revalorar las relaciones que construyen al grupo. Se tienen que plantear objetivos comunes y metas en las que todos aporten su granito de arena. Hay que construir una comunidad en la que las personas sean capaces de dialogar, superar los obstáculos y las diferencias naturales de personas que tiene ideas diferentes.

La comunidad cristiana se tiene que distinguir por hacer realidad la comunión y la participación. Solo así se podrá hacer realidad lo que el evangelio de este día nos propone.

Azrael el testigo