domingo, 13 de abril de 2014

Salvarse a sí mismo

Evangelio según San Mateo 26,3-5.14-75.27,1-66.
Unos días antes de la fiesta de Pascua, los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás, y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con astucia y darle muerte… 
Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron…   Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: "¿Tú eres el rey de los judíos?". El respondió: "Tú lo dices". Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo: "¿No oyes todo lo que declaran contra ti?". Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. Pilato continuó: "¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?". Todos respondieron: "¡Que sea crucificado!". El insistió: "¿Qué mal ha hecho?". Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: "¡Que sea crucificado!". Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: "Salud, rey de los judíos". Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: "Este es Jesús, el rey de los judíos"…     De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo: "¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: "Yo soy Hijo de Dios". También lo insultaban los ladrones crucificados con él….    Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: "Elí, Elí, lemá sabactani", que significa: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"… Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.

Comenzamos la semana mayor, la llamada Semana Santa, con el Domingo de Ramos… para quien participa en la procesión escuchará dos evangelios…. uno al inicio de la procesión de Ramos que recuerda la entrada de Jesús a Jerusalén… y el segundo es el texto de la celebración litúrgica que nos recuerda la Pasión y Muerte de Jesús.

Al comenzar estos días centrales de la vida de fe los cristianos, uno de los mensajes centrales es que acompañar el proceso de Jesús nos lleva a pensar en la salvación de los demás.

Es central la frase que le lanzan a Jesús en la cruz referente a que ha salvado a otros más a sí mismo no puede salvarse.

Y es central porque en esto estriba la fuerza de la fe cristiana. La búsqueda de nuestra propia salvación solo se logra a través de colaborar en la salvación de los demás.

Esto esta en sintonía con la afirmación: “quien quiera salvar su vida la perderá, más quien pierda su vida por el evangelio la salvará”, dicha también por Jesús.

Nuestra transformación personal no se logra pensando en uno mismo sino pensando en los demás; abriendo nuestro horizonte hacia nuestro entorno social; siendo conscientes de los procesos de las personas que son nuestros “prójimos”; realizando acciones que promueven el crecimiento de los demás.

Así, que Jesús no busque salvarse a sí mismo no es sino ser congruente con su  mensaje.

Hoy en día, nuestra persona es lo más importante. Todo nuestro mundo actual se encuentra centrado en defender los derechos individuales por encima de los colectivos. El evangelio nos invita a recorrer otro camino para lograr la plenitud.

‘¿Te animas?

Azrael el Testigo.

PD. En esta semana santa te invitamos a que enciendas una vela todos los días de las 8 a las 9 p.m. como signo de oración de unos por otros.

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