Evangelio según San Mateo 4,1-11. Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes". Jesús le respondió: "Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra". Jesús le respondió: "También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios". El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme". Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto". Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.
El poder siempre ha sido la gran tentación del ser humano.
Los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola comienzan con una meditación que se ha denominado Principio y Fundamento. Se afirma que “el hombre es el centro del amor de Dios pero desde la conciencia clara de ser creatura, de saberse recibido de Dios y por lo tanto dependiente enteramente de Él”. En otras palabras podemos decir que se trata de reflexionar que “no somos Dios”.
Y es a partir de la afirmación de que tenemos que centrar nuestra existencia.
A lo largo de la historia hemos ido desarrollando nuestras capacidades que como humanidad tenemos. Cada día la ciencia avanza más y más teniendo el conocimiento de cómo enfrentar diversos problemas que el hombre vive en el día a día. Hemos superado enfermedades, hemos superado catastrofes naturales, hemos aprendido a dominar nuestro entorno y creado lo que nos distingue de los animales: la cultura.
Y en medio de este gran logro del ser humano, el evangelio de hoy nos vuelve a recordar una verdad fundamental: no somos Dios. Solo el tíene el poder real de transformar las piedras en panes, de salvarnos en medio de una desgracia, de superar nuestro orgullo que nos hace sentirnos más que los demás.
Comenzamos la cuaresma, el camino hacia la Pascua. Ya no vivimos este tiempo con ayunos y penitencias, más se insiste en que realicemos obras a favor de los demás. El camino real de la cuaresma se encuentra en el servicio a los demás. Ve a tu alrededor, descubre a tu prójimo (el ser humano próximo a tu vida) y ofrece tu apoyo para que siga en su crecimiento personal.
Solo podemos asumir la actitud de servicio si somos humildes y aceptamos que solo hay un Dios, y que nosotros somos sus creaturas. Con esta conciencia podremos vencer la tentación del poder, así como Jesús lo hizo.
Azrael el Testigo.
PD: En este sitio se ofrecen los los ejercios espirituales de San Ignacio por Internet. http://ejerciciosive.org/eeo/index.php
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