Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: "Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'. Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".
Hoy en día se habla de autoestima para señalar como tenemos que sabernos capaces de valorarnos, respetarnos y aceptarnos tal y como somos. Nos sabemos con capacidades y límites. Abrazamos todo nuestro ser que las hace posible. Sin más ni menos.
Y la autoestima se considera la base de una vida plena. Y claro que esto es verdad!!!
En lenguaje bíblico la autoestima se llama humildad.
La persona humilde se conoce a si misma. Reflexiona sobre su propia persona. Ha comprendido su propia historia. Sus alcances. Sus implicaciones. Sus retos. Sus logros y sus fracasos. Sabe mirar el pasado para reconocer las raíces de su personalidad. Y acepta dicha historia personal sin sentirse culpable sino responsable de las acciones realizadas.
La persona humilde se acepta a sí misma. Reconoce que su actuar actual nace de su propia decisión. Al conocer sus capacidades las pone en práctica en su caminar diario. Al reconocer su limitaciones se cuida de ellas se vuelvan en un obstáculo para seguir caminando. Vive agradeciendo por lo que tiene y no llorando por lo que no puede.
La persona humilde se respeta a sí misma. Tiene una visión a futuro de su persona. Y es fiel a dicha visión. Las decisiones que toma sabe que tienen consecuencias a futuro, por lo que busca que dichas decisiones lo lleven a dar pasos de acuerdo a su proyecto de vida. No tiene miedo de reconocer su logros y sus fracasos, puesto que sabe que de esto se trata construir su futuro.
El texto de este domingo nos invita a ser humildes y superar la actitud orgullosa que impide vernos tal cual somos. Al hacerlo podremos reconocer la presencia del Dios de Jesucristo en nuestras vidas y seguir adelante con nuestro proceso de vida.
Azrael el Testigo
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