domingo, 27 de octubre de 2013

Humildad ante todo

Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: "Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'. Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".

Hoy en día se habla de autoestima para señalar como tenemos que sabernos capaces de valorarnos, respetarnos y aceptarnos tal y como somos. Nos sabemos con capacidades y límites. Abrazamos todo nuestro ser que las hace posible. Sin más ni menos.

Y la autoestima se considera la base de una vida plena. Y claro que esto es verdad!!!

En lenguaje bíblico la autoestima se llama humildad.

La persona humilde se conoce a si misma. Reflexiona sobre su propia persona. Ha comprendido su propia historia. Sus alcances. Sus implicaciones. Sus retos. Sus logros y sus fracasos. Sabe mirar el pasado para reconocer las raíces de su personalidad. Y acepta dicha historia personal sin sentirse culpable sino responsable  de las acciones realizadas.

La persona humilde se acepta a sí misma. Reconoce que su actuar actual nace de su propia decisión. Al conocer sus capacidades las pone en práctica en su caminar diario. Al reconocer su limitaciones se cuida de ellas se vuelvan en un obstáculo para seguir caminando. Vive agradeciendo por lo que tiene y no llorando por lo que no puede.

La persona humilde se respeta a sí misma. Tiene una visión a futuro de su persona. Y es fiel a dicha visión. Las decisiones que toma sabe que tienen consecuencias a futuro, por lo que busca que dichas decisiones lo lleven a dar pasos de acuerdo a su proyecto de vida. No tiene miedo de reconocer su logros y sus fracasos, puesto que sabe que de esto se trata construir su futuro.

El texto de este domingo nos invita a ser humildes y superar la actitud orgullosa que impide vernos tal cual somos. Al hacerlo podremos reconocer la presencia del Dios de Jesucristo en nuestras vidas y seguir adelante con nuestro proceso de vida.

Azrael el Testigo

domingo, 20 de octubre de 2013

Tener claro que se pide lo que se necesita

Evangelio según San Lucas 18,1-8. Después Jesús les enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: "En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'. Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga  continuamente a fastidiarme'". Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?".

Este fragmento del evangelio se ha utilizado para enseñar que tenemos que pedir y pedir y pedir… y muchas personas lo siguen… más parece que no hay respuesta a sus peticiones.

La otra parte que no se nos ha mencionado es que hay que tener claro lo que se pide. La viuda solo pide una cosa: que le han justicia contra su adversario.

Y aquí es donde se encuentra el problema actual. Pensamos que tenemos derecho a todas las cosas y pedimos que todas las cosas se nos sean dadas. Y así no funciona.

Los elementos que hay que considerar para recibir lo que se pide son:

  • a) Tener claro que tiene se  pide aquello que es necesario para lograr nuestra plenitud, aquello que es justo para nosotros. Para esto tienes que tener una clara conciencia de tu persona, de tus capacidades y límites para así solicitar lo importante y no lo superflúo.
  • b) Tener claro que es una cosa por vez. Si cambias y cambias de objeto de tu petición tú mismo no sabrás lo que realmente requieres.
  • c) Tener claro que se requiere persistencia. Los tiempos de Dios no son nuestros tiempos. Nosotros solemos movernos con la urgencia. Dios se mueve de acuerdo a lo que necesitamos para crecer.
  • d) Tener claro que la concesión de lo que pedimos al final de cuentas no depende de nosotros sino de Dios. Tenemos que ser libres de lo que pedimos.

Pedir al final de cuentas requiere humildad pues es el reconocimiento de que no podemos obtener el objeto de nuestra petición.

Azrael el Testigo

domingo, 13 de octubre de 2013

Confiar y actuar

Evangelio según San Lucas 17,11-19.  Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!". Al verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Y en el camino quedaron purificados. Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. Jesús le dijo entonces: "¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?". Y agregó: "Levántate y vete, tu fe te ha salvado".

La fe tienen dos elementos: confianza y acción.

La confianza es “la seguridad o esperanza firme que alguien tiene de otro individuo o de algo”.

Así que la primer pregunta que se nos plantea hoy: ¿tienes puesta tu esperanza en Dios? o ¿de repente te dan ganas de encontrar las respuestas de vida en otros espacios?

Ahora bien la confianza se basa en el conocimiento del otro. Por lo que para poner nuestra seguridad en Dios, tenemos que conocerlo a través de la lectura de los Evangelios, la meditación, la oración. Estas acciones de acercamiento a Dios tiene que ser de manera cotidiana y no solo los domingos.

Además tiene que ser una experiencia personal. Esta reflexión que lees, como las otras que puedas escuchar, te pueden ayudar, más no puedes dejar de realizar tu propio proceso de acercamiento a Dios.

Hay que recordar siempre que la experiencia del Dios de Jesucristo es personal, aunque sea enmedio de la comunidad.

El otro elemento de la fe es la acción.

Se les pide a los enfermos que caminen, que vayan al templo. Y en el camino quedaron curados.  Realizan el proceso que se les indica porque confian en Jesucristo.

No basta el conocimiento y la meditación de la palabra de Dios, es necesario llevarla a la acción. Y en el proceso de practicar es como encontramos la sanación, esto es, nuestro equilibrio personal.

La plenitud personal, la sanación de procesos, el encontrar el sentido de nuestra existencia se descubre en el proceso, en el movimiento. En hacer realidad las propuestas de Jesucristo.

Las personas con fe siempre estan en proceso de crecimiento porque tienen la certeza de la presencia de Dios en sus vidas.

Azrael el Testigo.

domingo, 6 de octubre de 2013

Fe es igual a obedecer

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,5-10): En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.» El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."»

La fe es un acto de obediencia.

Hoy en día la obediencia esta fuera de moda. Pensamos que está en contra de la libertad, la cual se considera como el valor básico del siglo XXI.

Sin embargo, la etimología de la palabra obedecer nos dice que significa “saber escuchar”, nos indica que es el proceso que conduce de la escucha atenta a la acción.

Nosotros afirmamos que la fe tiene su base en la escucha de la voz de Dios en nuestra vida.

Por lo que tener fe y obedecer desde la perspectiva del evangelio es lo mismo.

Y es así, que quien escucha a Dios, se vuelve capaz de “mover” su entorno, como se indica en el texto que hemos leído.

¿Qué tanta fe tienes?

Se refleja en que tanto en tu vida obedeces a la palabra de Dios.

Azrael el Testigo.