domingo, 15 de septiembre de 2013

El hijo mayor somos todos

Evangelio según San Lucas 15,1-32.  Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'. Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'. Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta. El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso. El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'. El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'. Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".

Es de todos conocidos la parábola del hijo pródigo o del Padre amoroso, como en los últimos tiempos se le ha nombrado.

Quisiera centrarme en este día en el hijo mayor. Es el ejemplo de las personas “buenas”, que viven con “rectitud”, que “cumplen las normas”, que viven “la ley por la ley”, que “están cerca de Dios”.

Son las personas que se han quedado aquilosadas, haciendo las cosas que la doctrina pide más no sabiendo seguir el espíritu del Evangelio. Son las personas que aunque viven cerca del Dios no disfrutan de su presencia; son las personas que enseñan el catecismo y no son capaces de ir más allá de su letra; son las personas que escriben un blog sobre como hacer realidad el evangelio de Jesucristo y solo se reducen a ello (como este que les comparte cada semana una reflexión).

Estas personas son todos aquellos que señalan con el dedo a los demás.

  • Desde la estructura de Iglesia son los sacerdotes que se fijan más en el pecado que en el amor, que se molestan porque no van a misa más ellos no son capaces de acercarse a las casas de los feligreses, son los que se centran más en regañar que en enseñar, son los que demuestran poder más que servicio…
  • En la familia son los padres  que exigimos a los hijos lo que nosotros no somos capaces de hacer como es que tengan excelentes calificaciones cuando en nuestros tiempos apenas fuimos capaces de aprobar, los que queremos que sean perfectos con el pretexto de que no caigan en nuestros errores…

El hijo mayor es una persona amargada, frustrada que no esta dispuesta a que los demás cometan errores y menos que estos sean perdonados. Son los aquilosados, los que se han convertido en estatuas en el nombre de la ley de Dios. Los que creen en Dios más no confían en su amor.

El hijo mayor somos todos cuando hemos perdido el gozo de estar cerca del Padre y no somos capaces de disfrutar de los dones que Él nos da.

En lo particular creo que habemos más hijos mayores aquilosados que hijos pródigos. Por lo que tenemos que tener cuidado para no caer en esta situación que nos impide ser felices.

Azrael el Testigo

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