domingo, 18 de agosto de 2013

El evangelio confronta

Evangelio según San Lucas 12,49-53.
Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra".

Las opciones de vida pueden contrastar a las personas cercanas.

Uno de los elementos básicos que conforman al ser humano es la capacidad de tomar de decisiones, esto es, el ser libre.

La libertad siempre nos ha asustado. Significa que hay una parte de nosotros que se encuentra indeterminado, que está más allá de aquí y ahora que estamos obligados a vivir y que nos permite elegir cualquier cosa que este dentro de nuestra posibilidades y probabilidades.

También representa la capacidad de poder lograr los sueños “imposibles”, los que otras personas no han vislumbrado y que hacen que nuestro caminar en la vida sea diferente al caminar de los demás individuos.

La libertad siempre ha asustado a las instituciones, a las normas sociales que nos dicen cómo actuar, cómo hablar, cómo lograr las metas en la vida. La libertad es un peligro para toda institución, pues suele proponer acciones nuevas, caminos nuevos, maneras nuevas… y esto implica que quien tiene poder dentro de la institución la perderá. Y ciertamente a quien tiene poder no le gusta perderlo. La historia nos enseña esto con infinidad de ejemplos.

La opción por Jesucristo, lleva a romper esquemas. Nos mueve a realizar acciones diferentes a las que la sociedad propone: a la búsqueda del dinero como base del éxito personal nos recuerda sobre la pobreza como el medio para ser libres; a la lucha por el poder nos hace ver el servicio como la mejor manera de ser grandes; al ansia de venganza y el uso de la fuerza señala el perdón y la sencillez como el cámino de la liberación.

Y las personas que resientes los cambios en la vida suelen ser las personas cercanas. Ellas son las que salen afectados de manera directa. Es como el drogadicto que deja de serlo. Mucho tiempo no se dió cuenta de su entorno. Más al dejar de drogarse, comienza a notar las cosas  y comienza a señalar cosas que antes no notaba. Y esto crea conflictos con las personas que se acostumbraron a que viviera “dormido”.

Un cristiano, que vive su opción por el Evangelio de Jesucristo, entrará en conflicto con las personas cercanas por el simple hecho de no seguir la corriente, de buscar nuevas maneras de hacer las mismas cosas del día a día.  Entrará en conflicto al recibir el bautismo de la fe y vivir como hijo de Dios, hermano de los demás y señor de la creación.

Azrael el Testigo.

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