viernes, 29 de marzo de 2013

Viernes Santo: el dolor es camino no meta

Evangelio según San Juan 18,1-40.19,1-42. Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed. Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: "Todo se ha cumplido". E inclinando la cabeza, entregó su espíritu. Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne. Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ninguno de sus huesos. Y otro pasaje de la Escritura, dice: Verán al que ellos mismos traspasaron. En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

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El dolor es parte de la vida. Esto es un hecho indudable.

Nos duele porque somos seres vivos y sentimos. Nuestro organismo desarrollo la sensibilidad para advertirnos del peligro tanto interno (enfermedades) como externo (una herida). El dolor nos advierte que algo no esta bien y que tenemos que poner remedio al mismo.

El dolor es un síntoma, es un medio para darnos cuenta de algo más importante. Es importante ir más allá del dolor y no centrarse en este, pues de otra manera no podremos encontrar la solución a lo que genera el dolor.

El viernes santo es la conmemoración de la pasión y muerte de Jesús. Esto es, recrdamos la presencia del doloy y la muerte en la vida.

Tenemos que afirmar que no celebramos este acontecimiento por sí mismo, como lo central de nuestra fe, sino como el camini para lograr algo más grande: la Resurección.

Muchos años, nuestra herencia católica nos llevo a  centrarnos en el Cristo de la Cruz sin mirar más allá. Así, ensalzamos el dolor, el sufrimiento, el aguante ante las cargas y la actitud de “resignación” ante los contratiempos.

Más, no es el mensaje del evangelio. La Pasión y Muerte tienen que verse como parte de todo el paquete de la propuesta cristiana.

Recordemos como Jesús se transfiguró mostrandó lo que llegaría a ser después de vivir su pasión y muerte. Lo mostró para que asumieramos la esperanza en medio de la situación violenta que decide vivir.

Así, todo el dolor, la pasión y muerte de Jesús que recordamos son un medio para algo más. Es un  momento de esperanza y confianza. Nos recuerda que hay que tener presente la meta para superar todo aquello que se tiene que asumir para lograrlo.

Nunca tenemos que olvidar que nuestra fe tiene sentido por la Resurrección.

Azrael el Testigo

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