Evangelio según San Juan 20,1-9. El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.
¿Qué implicaciones tiene para un cristiano creer en un Jesús Resucitado?
Lo primero es que resucitar significa una nueva manera de estar en la vida.
Y este es el gran reto que se nos plantea: ¿seguirás haciendo lo mismo en tu vida de fe, esto es en tu vida cotidiana? ¿Te conformarás con cumplir ritos, con rezar en la noche o en situaciones dificiles?
Tenemos que afirmar que el primer reto es superar la separación que hemos hecho de la fe y la vida. No es verdad que mi fe es privada y solo para mi. La fe es una decisión privada que tiene incidencia en mi actuar público, pues no esta encaminada a un bien privado, sino a lograr el bien común: la salvación de todos los hombres.
Dicho en términos actuales, mi fe es para mi plenitud personal y comunitaria. La fe tiene que incidir en la manera cómo trabajo, en cómo participo en la comunidad, en cómo me relaciono con los demás, en cómo asumo mis responsabilidad, en cómo me divierto….
En segundo lugar, creer en Jesús Resucito, implica que tenemos que movernos. La vida es movimiento, es desarrollo, es acierto y error, es caminar, caer y levantarse, es éxito y fracaso.
Un cristiano es aquel que se distingue de los demás seres humanos porque su vida muestra una manera diferente de hacer las mismas cosas que todos hacen.
Ser cristiano es asumir que la felicidad no es un estado pasivo sino un dinamismo cotidiano. Que se encuentra en el hecho de sabernos parte de algo más grande, el Amor del Padre.
Y en tercer lugar, Jesús Resucitado, nos mueve a ser alegres. Despúes de la oscuridad, de la muerte, resulta que tenemos una promesa de vida y vida eterna. Y es verdad, no sabemos que pasa al morir. Más, la certeza de que sí somos plenos en este espacio-tiempo, podemos ser plenos para siempre, es lo que nos motiva a no quedarnos quietos y a esforzarnos por mostrar a todos que, a partir de la Resurección del Señor, somo hijos de Dios, hermanos de los demás y señores de la creación. Y esto es una gran noticia que nos llena de alegría.
Feliz Pascua de Resurrección para todos!!!!
Azrael el Testigo.
Imágen recuperada de: recursosopena.blogspot.com

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