Sobre su cabeza había una inscripción: "Este es el rey de los judíos". Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros". Pero el otro lo increpaba, diciéndole: "¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él?
Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo". Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino". El le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso". Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Y diciendo esto, expiró. Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: "Realmente este hombre era un justo". Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho. Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido. Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo, que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado. Era el día de la Preparación, y ya comenzaba el sábado. Las mujeres que habían venido de Galilea con Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado. Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley.
Actualmente la obediencia es una actitud que no es muy aceptada. Se tiene la visión de que obedecer es igual a sumisión, a bajar la cabeza, a perder nuestros derechos individuales…
Más es importante entender que signfica la obediencia desde la perspectiva del evangelio, pues, ella es uno de los medios promordiales para lograr hacer realidad la plenitud que Jesucristo nos ofrece en el evangelio.
Lo primero que tenemos que decir que obedecer significa confiar. Jesucristo acepta la voluntad del Padre, de pasar por la cruz, porque confía en Dios Padre. Esto es, tiene la conciencia de que seguir el camino que se le propone, aunque pase por el dolor, le traerá una ganancia mayor que el aferrarse a su propia voluntad. No es una confianza ciega, sino que se tiene la conciencia de que el dolor no es la meta sino solo el camino para ser pleno. Es el sentido de las últimas palabras en la cruz: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
La obediencia implica una decisión personal. Nadie obliga a alguien a obedecer en la fe, pues somos libres. Jesús, toma la decisión de cumplir la voluntad del Padre hasta las últimas consecuencias. Así, somos libres de decidir seguir a Jesucristo o no, más, una vez aceptada la propuesta del evangelio y mientras queramos hacerla realidad, tenemos que asumir sus reglas del juego. Así, tenemos el deber de mostrar que actuamos como hijos de Dios, hermanos de los demás y señores de la creación. Si no queremos que esto sea así, pues tenemos que decidir no ser seguidores de Jesús.
Y por último la obediencia no requiere explicaciones o justificaciones. Se muestra con nuestros comportamientos y acciones. Quien obedece a Dios, quien decide seguir el evangelio, quien confía camina así en la vida. Muestra seguridad en su persona, participa en la comunidad, transforma su entorno, asume los retos de la fe como son el servicio y la prudencia en un mundo que exalta el poder y el dinero. Y simplemente lo hace realidad.
Comenzamos semana santa, con el Domingo de Ramos. ¿Qué tanto estás dispuesto para ser un hombre de fe, esto es, qué tanto estás dispuesto para obedecer?
Azrael el Testigo.
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