Evangelio según San Marcos 14,1-72.15,1-47. Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: "Eloi, Eloi, lamá sabactani", que significa: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: "Está llamando a Elías". Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña le dio de beber, diciendo: "Vamos a ver si Elías viene a bajarlo". Entonces Jesús, dando un gran grito, expiró. El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: "¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!". Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, que seguían a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea; y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén. Era día de Preparación, es decir, víspera de sábado. Por eso, al atardecer, José de Arimatea -miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios- tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato se asombró de que ya hubiera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. Informado por el centurión, entregó el cadáver a José. Este compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después, hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de José, miraban dónde lo habían puesto. Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
La semana santa del mundo cristiano comienza con el domingo de Ramos, el cual se compone de dos elementos: la entrada triunfal a Jerusalen y el recordatorio de que dicha entrada es para morir en la cruz.
La entrada triunfal es un reconocimiento de la fuerza del mensaje de Jesús en el pueblo. Él ya no es un un desconocido. Su recorrer los pueblos predicando el mensaje, expulsando demonios, sanando enfermos lo ha vuelto una persona famosa.
Los días de Pascua son días en que personas de toda la región se reunían en la ciudad capital.
Toda situación acontece por la conjunción de diversos factores. Los dos elementos mencionados, la fama y la concentración de la población en Jerusalen, son los elementos propicios para que acontezca lo que será el centro de la fe cristiana: la muerte y resurrección de Jesucristo.
La muerte en nuestros días se ve como el fin de la historia personal.
Sin embargo, desde la fe cristiana, creemos que hemos nacido para la eternidad.
Como seres humanos anhelamos no ser olvidados, sino permanecer ya sea en la memoria mental o afectiva de las personas que nos conocieron. Desde que el ser humano es humano, ha buscado dejar su huella en la historia. Y esto ha motivado nuestros afanes.
Más, el paso obligado para lograrlo es el morir.
El comienzo de la semana santa nos invita a pensar sobre nuestra visión de la muerte.
Solo así podremos valorar lo que signfica el resucitar.
Azrael el Testigo.
PD. Enciende una vela los miércoles a las 9 p.m. Es una manera de hacer oración junto a más personas.
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