Lo único que hace que la vida humana se transforme es que se tomen decisiones, que se opte.
Para poder optar requerimos que se nos enseñe a hacerlo.
Sin embargo, podemos afirmar que no hay una escuela de decisión sino la misma vida.
Tomar decisiones implica que somos libres, y es por esto que para muchas estructuras e instituciones es mejor que no se aprenda a decidir.
Así es más fácil manipular, controlar dominar a los demás.
El deseo de control y manipulación lo encontramos en todos los niveles: la familia, la escuela, el gobierno, la iglesia....
Quien no sabe tomar decisiones tiene las siguientes características
a) No cuestiona nada de lo que acontece, ni en su interior ni en el exterior.
b) Se interesa solo por lo que le mandan o le dicen que le interese.
c) Vive quejándose de lo que acontece. Más no hacen nada para generar un cambio.
d) No quiere que acontezcan cosas que le modifiquen su conducta. Hacen realidad la frase de la canción: la costumbre es más fuerte que el amor.
e) Es manipulable. Hoy se encuentra con una postura y mañana, sin una razón, ya esta defendiendo la postura contraria.
f) Es fatalista y vive sin esperanza. Como nada pueda cambiar no hay nada que hacer sino seguir con el mismo estilo de vida.
Aceptar que puedo decidir me lleva a aceptar que soy responsable de mis decisiones, es decir, de mi existencia. Es aceptar que lo que me acontece es aquello que yo decido que me acontezca, ni más ni menos.
Y lo vuelvo a repetir porque es el centro de toda la propuesta del evangelio: nada acontece en mi vida si yo no decido que me acontezca.
Hay quien dice que hay cosas que no puedo decidir: un accidente, que otro me engañe, etc... sin embargo, nada sucede porque si. Incluso estas situaciones tienen la base de que yo me puse en esa circunstancia de alguna manera.
Tenemos que aprender a decidir.
Para esto se requiere:
1) Preguntar: no creas lo que digo y porque lo digo yo, piensa, decía Tony de Mello. Y esto se para todo. Conoce las razones de las cosas, de las situaciones, de los acontecimientos, de las personas. Es asumir una postura crítica en la vida.
2) Tener autoestima: necesitamos creer en nosotros mismos: en que somos capaces de saber lo mejor para nuestra persona. Alguna vez dije: decide lo mejor para ti que es la mejor manera de decidir lo mejor para todos.
3) Tener un método para sopesar las diversas opciones. Existen varios que se ofrecen en diversos lados, son los llamados métodos de discernimiento. Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Juan de Avila.... todos estos seres humanos nos ofrecen su experiencia para saber como elegir adecuadamente.
Un método sencillo es el siguiente:
A. Clarifica las opciones que tienes. Asígnales una clave para identificarlas.
B. Analiza cada una de ellas y señala los beneficios que obtienes de cada una de las opciones que tienes. No piensen en lo que pierdes sino solo en lo que obtienes.
C. La opción con más beneficios puede ser la adecuada.
Al decidir la vida se transforma, se resucita.
Y solo deciden los valientes, los que confían.
Por esto Jesús decidió optar por el Padre, por obedecer el camino que le ofrecía. Al hacerlo no tenia claro todo lo que vendría después, sin embargo, confía y decide. Esto es lo que permite que la vida, que la resurrección, sea posible en su persona, y como consecuencia en todos nosotros.
Así que, tu vida esta en tus manos a través de tus decisiones. Algunas no te gustarán, otras te exigirán esfuerzo, más son el camino para poder vivir como seres humanos cumpliendo el mandato de Dios: ser felices.
Azrael el Testigo
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