El centro de toda la fe cristiana es la que hemos denominado Semana Santa, y más concretamente, el jueves, viernes-sábado y domingo, de esta semana, en la cual, no solo recordamos, sino que volvemos a vivir la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
Ahora, bien, las acciones de Jesús, ¿estaban ya determinadas? o ¿podían ser de otra manera?
El Triduo Santo nos pone frente a uno de los misterios más grandes de la humanidad, y que Jesús supo asumir y vivir en plenitud: me refiero al misterio de la libertad.
Esta libertad es la que nos permite hacer opciones, la que nos pide decidir, la que al final de cuentas nos hace humanos.
Es por esto que, afirmamos, que Jesús, fue libre, es decir, optó conscientemente el vivir su muerte y su resurrección, como una expresión de su opción de amor que había asumido ya plenamente.
Amor hacia Dios y hacia nosotros, en igual intensidad, y con iguales consecuencias: lograr la reconciliación entre Dios y la humanidad.
Así, pues, podemos hacer una reflexión de estos días desde la perspectiva de la toma de decisiones y las consecuencias de esta en nuestra existencia.
JUEVES SANTO: LA DECISION DE AMAR
Amar es compartirse, no solo es dar algo que se tiene, es dar todo lo que uno es: ideas, pensamientos, emociones, sentimientos, capacidades, limites, etc.
Y este compartirse no puede ser obligado por nada ni por nadie externo a nosotros. El amor tiene como características que nace de nuestro interior, es personal y es libre
Así, el amor es una decisión, una opción personal..
Al hablar de opción, estamos haciendo referencia a que tenemos, por lo menos, dos alternativas y ambas son atractivas, ambas nos dan un beneficio.
En el campo del amor tenemos las siguientes alternativas: o nos compartimos o nos quedamos con lo que somos para nosotros mismos.
Si nos quedamos con nosotros mismos, descubriremos que si bien tenemos capacidades, también tenemos límites. Y esto genera una sensación de no estar completos, de siempre necesitar más. El ser humano que decide no compartirse opta por el poder, por el control de sí mismo y de su entorno. Se cierra a que haya una relación de dar-recibir consigo mismo, con los demás y con su entorno.
El amor es entonces básicamente relacionarse.
Expresado gráficamente nos lleva a que nos relacionemos y compartamos en cinco dimensiones:
Me relaciono conmigo mismo, con mi Yo único e irrepetible; con Dios Padre-Madre como su hijo; con los Otros, hombres y mujeres como su hermano; y con el Mundo, compuesto por las situaciones y las cosas como señor.
¿Esto que significa? Que tengo muchas oportunidades de compartirme, de estar abierto a toda la realidad. Algo importante la relación es constante e incluso aunque yo no me de cuenta, estoy dando y recibiendo a cada instante, y esto es lo que nutre todo el universo de nuestras relaciones.
Nuestras actitudes y acciones reflejan si amamos o no. Por lo que requerimos mostrar con nuestra vida que efectivamente nos dejamos llevar por el amor.
Jesús opto por el amor, y el primer día del triduo santo cristiano es lo que celebra: Jesús decidió compartirse totalmente y el signo de esto es el Servicio de lavar los pies, y la Eucaristía.
En estos signos se nos muestra como nuestra actitud de donación hace que toda acción, por sencilla que sea, transforme la realidad.
Con esta opción quiso mostrar como el amor es posible en nuestras relaciones.
Ahora bien para tomar decisiones requerimos:
Conocimientos de las opciones que tenemos: tener en nuestra conciencia en que consisten, que nos ofrecen, los beneficios, los límites, las actitudes y acciones que me pedirán…
Sopesar o discernir que es lo mas adecuado para mi. Esto es básico, ya que el primer beneficiado con mis decisiones soy yo mismo. Así que tengo que pensar en mi al discernir.
Estar dispuesto a asumir todo lo que traiga como consecuencia, ya que hay elementos que por más que analicemos, no podemos ver, sino hasta que nos acontezcan.
Decidir por una de las opciones. De nada sirve si me la paso dudando, titubeando, diciendo “si… pero”, hay que tomar posición ante la vida. Aquí cabe eso de “mas vale ser frío o caliente… no tibio” que nos dice el Apocalipsis.
El Triduo Santo no es sino la invitación a hacer opciones de vida.
En este Jueves Santo: ¿te animas a optar por el amor o decides a quedarte encerrado en ti mismo?
Azrael el Testigo
No hay comentarios.:
Publicar un comentario