Evangelio según San Marcos 1,21-28. Entraron en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!". Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea. Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Hoy en día las personas creen lo que cualquiera afirma, basta con que aparezca en algún medio de comunicación para hacerle caso. Hemos aceptado que cualquiera puede opinar sobre cualquier tema, sin pedirle sus credenciales.
Hoy en día, dentro de la sociedad de la información podemos afirmar que no tenemos las personas sabias de la antigüedad, quienes daban respuesta a las inquietudes de los miembros de la comunidad. Los ancianos del pueblo sabían y eran respetados porque además eran capaces de compartir sus conocimientos.
Hoy, tal vez sea utópico pensar que alguien pueda conocer de todo. Y sin embargo, después de 20 siglos, la propuesta del evangelio sigue siendo válida… no desde la visión farmacéutica, que pide una receta para todo sino desde una visión holística del ser humano.
Las respuestas que nos ofrece el evangelio son aquellas que nos permiten tener un equilibrio en nuestro diario caminar. Son aquellas que nos permiten descubrir las estrategias a seguir para no perder el piso, para mantener una actitud de salud.
No son respuestas científicas, sino orientaciones con la finalidad de que nos volvamos las autoridades de nuestra propia existencia.
Ser sabios de nuestra propia vida nos hace valorar cada situación que vivimos en su justa medida. Si es un logro no nos vanagloriamos, si es una fracaso no nos rompemos. Ser sabio de nuestra propia vida nos permite entender la vida de los demás, puesto que la respuesta a las preguntas fundamentales tales como ¿quién soy?, ¿de dónde vengo? y ¿a dónde voy? siguen siendo las que necesita responder cada día todo ser humano.
Y dichas respuestas siguen encontrándose en las palabras de Jesucristo, quien sigue hablando a tu corazón y aleja a los espíritus que te inquietan.
Que necesitas para escucharlo: hacer silencio y leer el evangelio.
Azrael el Testigo
PD. Cada miércoles prende una vela a las 9 p.m. Son una manera de hacer oración comunitaria.
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