Evangelio según San Mateo 13,1-23. Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron. Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios
Cuatro actitudes nos plantea el evangelio que las personas pueden asumir ante la decisión de comenzar a vivir algo nuevo en su vida y lograr ser plenos.
Los tres primero son los que fracasan en el intento:
1) El que no quiere cambiar su actitud. Y se sabe infeliz y se la vive quejándose de todo y de todos. Es negativo ante la vida.
2) El que quiere cambiar y da los primeros pasos, más que no tiene disciplina. Viven anunciando que hay una mejor manera de vivir más en su vida personal son un desastre.
3) El que quiere cambiar, da los primeros pasos y comienza a hacer cambios, más en cuanto hay la exigencia de dejar a un lado cosas y situaciones que siempre la han gustado, prefiere no seguir adelante. Se vuelven los críticos de todos los que proponen vivir de manera diferente, diciendo que no se puede lograr.
4) Solo el cuarto es quien logra ser feliz.
¿Qué hacer para lograrlo como él?
a) Hay que tener claro lo que se quiere lograr. Saber describir con detalles el objetivo que se quiere alcanzar. No se trata de decir: ¡voy a ser bueno!; sino además tener claridad en todos los elementos que esto significa.
b) Hay que saber lo que se tendrá que dejar. No verlo como algo que se abandona, sino como aquello que se intercambiará por lo que se ha vuelto el objetivo. El ser humano, no puede quitar algo en su vida si no tiene claro que es lo nuevo que pondrá. No puede haber huecos en la vida, sino intercambios.
c) Trazar un plan para lograr el objetivo. El evangelio es la propuesta de las estrategias, actitudes y acciones que se tienen que realizar en el día a día para ser plenos como seres humanos. No es para ganarte es cielo, es un plan para ser feliz en la tierra.
Recuerda que nada se obtiene de golpe y a la primera, incluso quien se gana la lotería, suele ser que cada semana compra un boleto.
d) Ser disciplinado y libre con el plan. Seguirlo, analizarlo, mejorarlo. No es una camisa de fuerza sino un camino que se propone. Y para saber que funciona se requiere recorrerlo. Aprender del error y el acierto.
e) Celebrar los logros. El evangelio llama felices a quienes se lanzan a vivir con plenitud, pues descubren aquello que todos anhelan: la paz interior, la felicidad.
Finalmente, la razón última para la cual nacimos es para ser plenos. ¿Aceptas el reto de lograrlo?
Azrael el Testigo.
PD. Enciende una vela los miércoles a las 9.00 p.m.. Hay otras personas que se unen ese día como signo de que hacemos oración unos por otros.
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