domingo, 17 de abril de 2011

El poder es para crecer en comunidad

Evangelio según San Mateo 26,14-75.27,1-66.
En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: "¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?". Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: "¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?". Ellos respondieron: "A Barrabás". Pilato continuó: "¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?". Todos respondieron: "¡Que sea crucificado!".
El insistió: "¿Qué mal ha hecho?". Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: "¡Que sea crucificado!". Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado. Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían: "Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!". De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo: "¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: "Yo soy Hijo de Dios". Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu. Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

La gran paradoja es que el poder no es para nuestro beneficio personal sino para apoyar el proceso de crecimiento de todos.

La historia de la humanidad ha pasado por diversas etapas. Estas etapas han marcado la manera como los individuos se perciben a sí mismos.

En tiempos de Jesús y hasta la época medieval, se educaba a las personas como parte de un todo. Se era parte del reino, de la iglesia, del pueblo en donde se vivía, pues ello aseguraba la supervivencia de todos. La ley del más fuerte era la que dominaba el entorno. Ser parte de un grupo permitía a los individuos a sentirse apoyados y con fortaleza. La afirmación era: si el grupo es fuerte, yo soy fuerte. Se defendía al grupo como sustento del individuo.

Hoy nos encontramos con la visión nacida desde la Ilustración. La defensa de los derechos individuales es lo primordial. Nuestra época se encuentra marcada por el individuo. Lo que importa es lo que cada uno puede obtener. Y así, se valora a los casos de éxito de manera personal no grupal. El liberalismo, como se denomina hoy a esta corriente de pensamiento, defiende que la comunidad no es sino la suma de cada individuo. La afirmación es que el individuo es lo que da sustento el grupo. Si el individuo está bien, entonces el grupo esta  bien.

La propuesta de Jesús, es una visión que afirma al grupo como sustento del individuo. Él podía haber mostrado su poder bajando de la cruz. Los mismos testigos de la crucifixión lo señalan: si ha salvado a otros, que se salve a sí mismo. Podía haber mostrado su poder individual y colocarse en una situación de beneficio personal.

Más, el evangelio muestra que el poder no es para el beneficio propio. El poder no es para salvar el propio pellejo. El poder no es para ser señalado como el mejor de todos.

El poder es para servir. Para transformar la vida de la comunidad. Para generar nuevos espacios y nuevas maneras para lograr el bien común. Para mostrar la obediencia a un plan más grande que los propios deseos individuales.

Nuestra sociedad defiende a ultranza la individualidad. Se le ha olvidado la comunidad. Considero que es la razón del desastre social que se vive en nuestro país. Lo vemos a nivel de políticos, a nivel de iglesias, a nivel de vecinos.

No se trata de olvidarnos de nosotros mismos. Jesús, pudo ser atrapado muchas veces y el evangelio dice que no se dejaba atrapar, por no había llegado su hora. Era consciente del proceso que tenía que desarrollarse.

Pues bien, es la hora para que los seguidores del evangelio mostremos que somos capaces de decidir a favor de la comunidad en la cual crecemos y nos desarrollamos como seres humanos y como cristianos.

Azrael el Testigo.

PD: En semana santa enciende una vela todos los días a las 9.00 p.m. Es la semana en que el ciclo de la vida se renueva.

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