Evangelio según San Mateo 17,1-9. Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo". Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no tengan miedo". Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
En la vida tenemos que avanzar teniendo la conciencia de una meta.
Iniciamos la cuaresma del mundo cristiano católico. Es el tiempo de preparación para la gran fiesta: la Pascua.
E insisto, es el tiempo en que todo se encamina a la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.
Ahora bien, no tenemos que olvidar que el proceso termina con la Resurrección, pues parece que la doctrina cristiana católica se ha quedado atorada en la Pasión y Muerte: da pláticas, invita a realizar actos de penitencia, orienta a la conversión. Y luego se le olvida lo importante: celebrar la Resurrección con la misma intensidad.
En el evangelio de hoy, Jesús muestra la meta de su camino para ser pleno, y también anuncia que el camino no será sencillo: tiene que pasar por la muerte.
Más, al mostrar que la meta ya está en él, puesto que se transfigura mostrando como será al resucitar, nos señala que si tenemos clara la meta, entonces esa meta ya se está forjando en nosotros. Más requiere un proceso para darse a conocer.
Es como el desarrollo de un nuevo ser en el vientre materno: ya todo está inscrito en los cromosomas, sólo hay que dejar que el proceso se lleve a cabo.
Entonces, la pregunta de este día es: ¿Cuáles son las metas que tienes que lograr para llegar a ser un humano pleno?
La meta generales que todos tenemos que lograr son:
- Como hijo de Dios: tenemos que lograr vivir la confianza. El saber que hay Alguien, Dios Padre/Madre, que siempre está señalando las circunstancias mejores para nosotros.
- Como hermano de los demás tendríamos que llegar a ser comprensivos y solidarios. Reconocer las sombras y las luces de los demás.
- Como señor de la creación hay que mostrar la prudencia al usar las cosas y al vivir la situaciones de nuestra existencia. Saber que estamos por encima de cualquier problema y no dejarnos llevar por el consumo (qué es la gran mentira de este siglo).
Si ya sabes tus metas, entonces ya estás en camino para lograrlas. Y aunque se presente el dolor, es seguro que lo lograrás.
Azrael el Testigo
PD. No olvides encender la vela los miércoles a las 9.00 p.m.
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