Evangelio según San Lucas 15,1-32. Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'. Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'. Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta. Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Este evangelio conocido como “El hijo pródigo”, nos muestra dos temas. Por un lado, lo importante que es darnos cuenta de lo que SI TENEMOS EN NUESTRA VIDA. Y por otro, las características del amor de Dios.
En nuestros días nos has acostumbrado a vivir insatisfechos. La mercadotecnia nos lleva a afirmar que lo que tenemos no es suficiente: siempre hay algo que nos falta, siempre hay algo nuevo que necesitamos, siempre hay aparece “eso” que nos hará feliz.
Vivimos dicha dinámica que nos han impuesto, y entonces todo nos parece desechable. Hay que aprender a valorar lo que ya está presente en nuestra vida. Con esto, incluso nuestra economía (el valor principal del siglo que vivimos) será sana.
Por otro lado. El evangelio nos muestra la faceta más difícil de aceptar del Dios de Jesucristo: su libertad y por lo mismo su decisión de amar.
El evangelio muestra las dos características básicas de Dios: el vive la libertad y nos deja que nosotros la vivamos también. Es por esto, que incluso el alejarnos de él, no trae un castigo de su parte. Las situaciones que se presentan en nuestra vida como consecuencia de nuestra decisión de alejarnos de su presencia, son responsabilidad de cada uno.
Así, su amor es libre. Es incondicional e interesado. Incondicional porque es una decisión personal. Interesado, porque el que ama siempre espera ser correspondido, más no obliga a dicha correspondencia, sino que deja al otro que tome su propia decisión.
Con esto, se acaba la visión del Dios justiciero que siempre se ha enseñado y que sólo miedo a generado.
Azrael el Testigo
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