Evangelio según San Mateo 20,20-28. Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo. "¿Qué quieres?", le preguntó Jesús. Ella le dijo: "Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda". "No saben lo que piden", respondió Jesús. "¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?". "Podemos", le respondieron. "Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre". Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Aprender a ser una persona atenta a las necesidades de los demás, no es una actitud fácil de aprender.
Desde que nacemos nos volvemos el centro de atención de una persona, por lo menos: nuestra madre. Si nos encontramos en una familia más o menos funcional entonces puede ser que además tengamos a nuestro padre también atento a nuestro proceso personal de crecimiento. Considero que esto tiene una repercusión en nuestra existencia, que se refleja en el ansía de ser importante en la vida de alguien: una pareja, un amigo, un compañero de trabajo, el jefe, las personas a quienes damos un servicio en el trabajo, etc…. más buscamos ser parte de alguien, eso es indudable.
Es por esto, que considero que esperar que nosotros seamos quienes sirvamos a los demás (que no sirvientes), es complicado.
¿Qué necesitamos para llevarlo a cabo?
a) Estar atento a nuestro entorno. No encerrarnos, a pesar de la situación de inseguridad que se nos muestra a nivel nacional. Si dejamos de ver nuestro entorno, no sólo no podremos apoyar a los demás, sino que nosotros mismos no tendremos quien nos apoye. Y al estar atentos a la realidad, también sabremos distinguir las verdaderas necesidades a las necesidades de capricho que todo ser humano encuentra en su caminar en la vida. Y con esto, señalo que tenemos que identificar a los vividores de la ayuda, de las personas que requieren un soporte de nuestra parte.
b) Saber en que momento ofrecer el apoyo y en que consiste el mismo. No olvidar que los principios de solidaridad y subsidiaridad van de la mano. Te apoyo en la medida y sólo hasta que tu puedas hacerlo. No se trata de crear dependencias sino redes de soporte. No se busca que el servicio se vuelva una obligación, sino una muestra de colaboración para el crecimiento personal y comunitario.
c) Saber que en la vida dar es recibir. Esto es, que en el momento mismo que comparto mi apoyo, otras personas están considerando el apoyarnos. Así es como funciona esto. Como dicen las personas que mueven el pensamiento positivo. Uno pone en la propia persona la disposición para recibir a través del dar. Así que cuando alguien se acerque para apoyarte, no dudes en aceptarla, pues el ciclo de la vida que se hace presente. Un detalle que no tiene que olvidar: el apoyo que tu das, nunca será igual que el que recibas, puesto que las necesidades de cada persona son diversas.
Ser servidor, que no sirviente, insisto, es uno de los retos que el cristiano tiene hoy en día. Más, cuando parece que es mejor no apoyarnos, puesto que sigue vigente en muchos la actitud de considerarse dignos de todos los derechos y ajenos de todos los deberes. Servir a los demás, es una “obligación” que nos da el “derecho” de recibir ayuda cuando la necesitamos.
Inténtalo. Recuerda que lo que demos en nombre de Jesús, se nos regresará al ciento por uno.
Azrael el Testigo
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