domingo, 25 de julio de 2010

No es tan fácil

Evangelio según San Mateo 20,20-28. Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo. "¿Qué quieres?", le preguntó Jesús. Ella le dijo: "Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda". "No saben lo que piden", respondió Jesús. "¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?". "Podemos", le respondieron. "Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre". Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

Aprender a ser una persona atenta a las necesidades de los demás, no es una actitud fácil de aprender.

Desde que nacemos nos volvemos el centro de atención de una persona, por lo menos: nuestra madre. Si nos encontramos en una familia más o menos funcional entonces puede ser que además tengamos a nuestro padre también atento a nuestro proceso personal de crecimiento. Considero que esto tiene una repercusión en nuestra existencia, que se refleja en el ansía de ser importante en la vida de alguien: una pareja, un amigo, un compañero de trabajo, el jefe, las personas a quienes damos un servicio en el trabajo, etc…. más buscamos ser parte de alguien, eso es indudable.

Es por esto, que considero que esperar que nosotros seamos quienes sirvamos a los demás (que no sirvientes), es complicado.

¿Qué necesitamos para llevarlo a cabo?

a) Estar atento a nuestro entorno. No encerrarnos, a pesar de la situación de inseguridad que se nos muestra a nivel nacional. Si dejamos de ver nuestro entorno, no sólo no podremos apoyar a los demás, sino que nosotros mismos no tendremos quien nos apoye. Y al estar atentos a la realidad, también sabremos distinguir las verdaderas necesidades a las necesidades de capricho que todo ser humano encuentra en su caminar en la vida. Y con esto, señalo que tenemos que identificar a los vividores de la ayuda, de las personas que requieren un soporte de nuestra parte.

b) Saber en que momento ofrecer el apoyo y en que consiste el mismo. No olvidar que los principios de solidaridad y subsidiaridad van de la mano. Te apoyo en la medida y sólo hasta que tu puedas hacerlo. No se trata de crear dependencias sino redes de soporte. No se busca que el servicio se vuelva una obligación, sino una muestra de colaboración para el crecimiento personal y comunitario.

c) Saber que en la vida dar es recibir. Esto es, que en el momento mismo que comparto mi apoyo, otras personas están considerando el apoyarnos. Así es como funciona esto. Como dicen las personas que mueven el pensamiento positivo. Uno pone en la propia persona la disposición para recibir a través del dar. Así que cuando alguien se acerque para apoyarte, no dudes en aceptarla, pues el ciclo de la vida que se hace presente. Un detalle que no tiene que olvidar: el apoyo que tu das, nunca será igual que el que recibas, puesto que las necesidades de cada persona son diversas.

Ser servidor, que no sirviente, insisto, es uno de los retos que el cristiano tiene hoy en día. Más, cuando parece que es mejor no apoyarnos, puesto que sigue vigente en muchos la actitud de considerarse dignos de todos los derechos y ajenos de todos los deberes. Servir a los demás, es una “obligación” que nos da el “derecho” de recibir ayuda cuando la necesitamos.

Inténtalo. Recuerda que lo que demos en nombre de Jesús, se nos regresará al ciento por uno.

Azrael el Testigo

domingo, 18 de julio de 2010

Acción vs Oración

Evangelio según San Lucas 10,38-42. Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude". Pero el Señor le respondió: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

Un dilema que ha estado presente en la propuesta de Jesús, se refiere a que aspecto nutre más la vida de un cristiana: la oración o el servicio a los demás.

Así, surgieron organizaciones de cristianos, que tienen como misión vivir en un monasterio dedicados a la vida de oración, a la contemplación de “la mejor parte”, como dice el evangelio. La presencia de Jesús en la vida es ciertamente “la mejor parte” que podemos tener. Puesto que su presencia nos llena de alegría y fortaleza. Su palabra nos guía y nos orienta para saber como actuar en los diversos momentos de nuestra vida. Su ejemplo, nos indica que también nosotros podemos mover montañas y obrar milagros.

Más, también surgieron organizaciones de cristianos que tiene como misión servir a los demás, y sobre todo a los necesitados, a los enfermos, a los pobres. Su misión esta orientada por la afirmación evangélica de que a Dios se le encuentra en el hermano y que Dios mismo prefiere misericordia, no sacrificios. Así, han descubierto que el servir a los demás, les da fortaleza y sentido su existencia.

La pregunta no tiene que ser ¿cuál de estos estilos es mejor? Sino, ¿cómo ambas propuestas generan un equilibrio en la vida?

Para aquellos que vivimos “en medio de este mundo”, que somos cristianos de a pie, la propuesta es oración y servicio.

No podemos renunciar a ninguna de las dos, o preferir una por sobre el otro. El momento de silencio ante Dios nos fortalece, nos ayuda a descubrir el sentido del servicio a los demás, evitando con esto que nos llenemos de orgullo y no cedamos a la tentación del poder. El servicio nos lleva a no quedarnos encerrados en nosotros mismos y nos confirma que las convicciones que nacen del encuentro íntimo con el Señor, no son meras alucinaciones sino que nos mueven a generar un mundo mejor, mediante el aporte concreto de nuestra persona.

Servicio a los demás y Oración son pues complementarias. Date un tiempo en tu vida para ambas. Y ten la certeza de que notarás un cambio.

Azrael El Testigo

domingo, 11 de julio de 2010

Mi espejo: el prójimo

Evangelio según San Lucas 10,25-37. Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?". Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?". El le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo". "Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida". Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?". Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: 'Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver'. ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?". "El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

Para todo miembro de un determinado pueblo, los iguales, son todos aquellos que forman parte del pueblo. Y los demás, son el enemigo.

Esto es una tendencia natural dentro de las culturas, las cuales, al igual que los individuos buscan someter a los demás a sus designios, mediante la imposición de su propia cultura, sea por el convencimiento o por las armas. Esto lo podemos constatar al leer un poco sobre la historia universal.

Ahora bien., para el seguidor del evangelio de Jesús. El prójimo es todo aquel que se cruza en nuestro camino y que requiere ayuda. El significado del Samaritano es todavía más fuerte para aquellos que escuchan a Jesús. Un samaritano era considerado para los judíos un ser inferior, era visto como un perro, tal como se refleja en otra parte del evangelio. Al mencionar que este personaje fue el único que se comportó como prójimo, Jesús, denuncia como se ha olvidado la gran verdad de que todos somos hermanos. Y que en nombre del mismo Dios, hemos matado a los otros, tal como el sacerdote y el levita hacen, al pasar de largo.

Esto es realmente un reto enorme para el cristiano. Descubrir que el otro es un hermano. Que al igual que uno mismo, esta lleno de capacidades y límites. Que con sus capacidades puede enfrentar la vida, más que con límites, va dando tumbos aquí y allá. Descubrirse en el otro es un reto. Reconocerse en el otro es la meta. Aprender del otro, es el camino para el propio descubrimiento. Y esto es un ciclo de crecimiento continúo.

Podríamos decir que la propuesta, de amar al prójimo como a uno mismo, responde a la pregunta: ¿piensa en la situación en que te gustaría que hubiera una mano tendida para apoyarte? Pues, más vale, que hoy comiences a extender tu mano para que un día haya una que se extienda para ti. Así como quieres que te traten comienza a tratar a los demás.

Esto es la base de la solidaridad cristiana. Saber que nos apoyamos, no por ser buenos, sino por sabernos necesitados, por sabernos limitados en algunas áreas de nuestra vida.

El prójimo, el próximo es cada hombre con el que te encuentras día con día. Es con ellos con quienes tienes que comenzar a extender tu mano.

Azrael el Testigo

domingo, 4 de julio de 2010

Las características de un discípulo

Evangelio según San Lucas 10,1-12.17-20. Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: '¡Que descienda la paz sobre esta casa!'. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: 'El Reino de Dios está cerca de ustedes'. Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: '¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca'. Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad. Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". El les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

Un discípulo de Jesús vive de manera libre en la vida. No tiene ataduras.

La propuesta más radical del evangelio es la de vivir la pobreza. No como una maldición, no como un sometimiento, no como resultado de una opresión económica.

La pobreza del cristiano nace de la convicción de que Dios y la comunidad están presentes para dar el sustento espiritual y físico que se requiere para anunciar el evangelio.

Así, se dice que no hay que llevar dinero, ni alforja, ni calzado, ni historia… sino que al ser portavoz de la Buena Nueva lo necesario para vivir estará a nuestra disposición.

En nuestro mundo actual, permeado por la economía en todos los niveles, está invitación parece una locura. ¿Habrá quien se anime a vivirla?

Es un invitación a ser libres, a no estar atados a nada, a confiar totalmente en la presencia de Jesús y en que la fe mueve montañas y somete demonios.

La característica de un discípulo es la CONFIANZA en lo que anuncia, que no es otro sino el Evangelio de Jesucristo.

¿Quieres saber si tienes fe? Mide tu confianza en Dios, mide que tan libre eres en este momento de tu existencia del dinero, de la alforja, del calzado, de los amigos, de tu historia….

Azrael el Testigo