domingo, 6 de junio de 2010

Modificar la realidad

Evangelio según San Lucas 7,11-17. En seguida, Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba. Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: "No llores". Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: "Joven, yo te lo ordeno, levántate". El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre. Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: "Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo". El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina. Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

Muchos de nosotros pensamos que nuestra realidad se nos impone. Y ante ella solo nos queda o aceptarla o aguantarla.

Sin embargo, la fe nos invita a ser promotores y actores de una manera diferente de estar en la vida.

En otro texto se afirma que si tenemos fe podemos mover montaña, así mismo, que si dos o más personas se reúnen y piden en el nombre de Dios, su oración será escuchada.

Así que para modificar nuestra realidad se requiere:

a) Fe. Convicción firme de que la presencia de Dios camina en nuestra existencia.

b) Claridad de objetivos. Hay que ser precisos en señalar lo que buscamos. Si decimos quiero que todo sea mejor, no pasa nada, hay que señalar en qué consiste que nuestra vida sea mejor.

c) Unidad con otras personas. La transformación no es personal, tiene que ser comunitaria. Así que tienen que buscar socios para lograrlo.

Un profeta no es solo, es parte de una comunidad y lo que hace el profeta es hacer confluir las energías y capacidades de todos para lograr transformar la realidad.

La invitación de hoy es Ser Profeta, esto es, ser transformador de la realidad.

Azrael el Testigo

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