domingo, 13 de junio de 2010

Amor que sana

Evangelio según San Lucas 7,36-50.8,1-3. Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!". Pero Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". "Di, Maestro!", respondió él. "Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?". Simón contestó: "Pienso que aquel a quien perdonó más". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

Para el evangelio hablar de amor, no es decir palabras bonitas sino realizar acciones a favor de los demás.

El evangelio de Jesús afirma que el amor es eficiente, transformador y sanador.

Eficiente: tiene una meta. No es dar por dar. Se encamina a lograr un objetivo. Así, el amor no es desinteresado sino incondicional. Siempre espera algo, siempre propone que obtengamos algo de él. La mujer al acercarse a Jesús, no solo está pensando en ser buena mujer, sino en lograr un objetivo: la sanación interior. Si solo piensas que el amor es dar, un día te sentirás cansado de él.

Transformador: El amor no deja igual a la persona. A partir de su vivencia la manera de ver la vida es diferente. La óptica se vuelve comprometida con el otro. Se entiende que el amor se traduce como “dar es recibir”. Que al compartirse con el otro, en realidad no hay pérdida sino que en ese momento se está recibiendo algo. La mujer, no esta solo ungiendo a Jesús, también se esta sanando desde su interior. Y la declaración pública de Jesús, la hace sana ante la sociedad. Amar te hace un ser en movimiento, en crecimiento.

Sanador: El amor sana. No hay otra regla más fuerte. La redención se logro por amor. El medio fue la cruz y resurrección, más lo que movió fue el amor. Así, el amor lleva a realizar milagros. Podemos decir que el amor, como expresión de fe, es la que mueve montañas. Si al amar, hay vivencias que impiden la plenitud personal, entonces podemos asegurar que no es amor.

¿Qué pasa en tu entorno cuando dices que amas? ¿Hay una transformación, una sanación, en la manera como te relacionas con tus cercanos? ¿Quién es depositario de tu amor, esposo(a), hijo(a), hermano(a), padres, amigos (as), es una persona más plena, por el hecho de saberse amado por ti?

Si no es así, entonces es hora de que cuestiones si en verdad estás amando, como lo propone el evangelio.

Azrael el Testigo

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