lunes, 17 de mayo de 2010

Formar comunidad: el signo del cristiano

Evangelio según San Juan 17,20-26. No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste. Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación de mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste. Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

 
La unidad es signo de la presencia de Dios.

Más no es uniformidad, sino que cada uno desde la riqueza de la diversidad individual, contribuye a que el todo de la comunidad se desarrolle y pueda lograr las metas propuestas.

Este proceso de comunión y participación, no es un proceso fácil ni sencillo para nadie. Implica varias actitudes que no son en este momento muy aclamadas:
  • a) Se requiere honestidad. Saber decir no lo que sentimos sino lo que se requiere para poder caminar juntos es un requisito para construir el camino de la comunidad, puesto que esto permite el confiar los unos de los otros.
  • b) El amor, entendido como la capacidad de compartir. Todos podemos aportar para el crecimiento comunitario. Entra en juego la solidaridad, con la idea de que nadie es tan pobre que no pueda aportar ni nadie tan rico que no pueda necesitar.
  • c) Se exige la justicia. Poner todo lo nuestro pero solo lo nuestro es indispensable para formar una comunidad. Se le llama subsidiaridad, en donde cada quien apoya al otro y el otro se deja apoyar solo hasta que quien recibe la ayuda, se puede sostener por sí mismo. De otra manera, se generan codependencias que de nada ayudan, pues unos esperan que los otros les resuelvan sus problemas. Unos son activos y los otros pasivos, en vez de contribuir cada uno, de acuerdo a sus límites y capacidades al beneficio común.
  • d) La libertad. Nadie puede ser obligado a ser parte de la comunidad. Más una vez adentro, se tiene que vivir en constante decisión. Cada día se toma la opción de formar la comunidad. Y cada día se pide el asentimiento libre para ser parte de la misma. Tanto el individuo como la comunidad son libres para ser la parte y el todo.
  • e) La vida en común. No se puede construir una comunidad caminando cada quien por su lado. Es necesario tener metas comunes. Hacer cosas juntos para lograrlo. Hoy en día se acostumbra a pagar por los servicios. Para formar comunidad, se requiere aportar nuestra persona en todo el proceso comunitario.

Lograr la unidad es una opción de fe y de vida. Espero que quieras tu formar parte de una comunidad. Puede ser en la familia, con los amigos, en el trabajo, en el barrio, en la ciudad… la dimensión es sólo cuestión de decidirlo.

Azrael el testigo

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