domingo, 2 de mayo de 2010

EL MENSAJE FUNDAMENTAL

Evangelio según San Juan 13,31-33.34-35. Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'. Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

Parece de lo más sencilla la propuesta central de Jesús: amarnos los unos a los otros.

Más, de acuerdo a la realidad que podemos constatar, tenemos que afirmar que no ha sido fácil el llevar a cabo el mandamiento nuevo del evangelio.

¿Qué impide la vivencia del amor?

Considero que primero tenemos que preguntarnos: ¿que entendemos por amor?
Y comenzaré diciendo que el amor es una OPCIÓN, y por lo mismo, tiene una base racional. Nos han enseñado que el amor es romántico, emocional, de mariposas en el estómago, más esto no es verdad. El amor del evangelio deja a un lado las mariposas y nos pide que TOMEMOS UNA DECISIÓN: la de amar a los demás, así como Dios nos ha amado.

También, hemos interpretado que el amor por los demás por fuerza implica el sacrificio, más tenemos que decir, que lo que implica es la DONACIÓN. El saber compartir lo que somos es la base del amor cristiano. El saber estar con el otro y para el otro y que este otro sepa estar para nosotros es la reciprocidad que el amor exige. De otra manera se vuelve en una codependencia en el que se impide el crecimiento de los implicados.

Aquí entra en juego la RECIPROCIDAD: sin ella no podemos hablar de amor. Cuidado si sólo uno es quien da y nunca recibe. Esto no es sano, y el mandato esta dicho en plural, no en singular, puesto que el evangelio se propuso a una comunidad no a una persona.

El amor cristiano genera VERDAD Y LIBERTAD. El saber compartir la propia persona implica saber decir al otro en que si podemos apoyarle y en que no podemos, puesto que como todo ser humano, tenemos capacidades (con las que apoyamos a los demás) y limitaciones (por la que pedimos apoyo). Y con esto se genera la libertad en la relación. Nadie está obligado a dar aquello que no tiene y si es RESPONSABLE de ser solidario con los dones que ha recibido.

Finalmente, el amor es ENTRE IGUALES. Por esto no estoy de acuerdo en el modelo del amor madre/padre y su hijo, puesto que es una relación natural y en cierta manera obligatoria (con excepciones de vez en cuando). El amor cristiano no hace distinción de relaciones filiales, de jerarquías laborales, de estatus económico o social. Al reconocerse como hijos de un mismo Padre Dios, se sabe que la mejor opción es vivir es a través de compartir y compartirse con las personas que día a día forman parte de nuestra existencia.

Así, que revisa como es tu amor: ¿es una opción?, ¿es donación de tu persona y es donación de los demás a tu persona, es decir, es recíproco?, ¿genera verdad y libertad?, ¿genera responsabilidad?, ¿permite reconocerse entre iguales?

Si acredita estás características, entonces el amor cristiano tiene presencia en tu vida y estás en camino de la plenitud.

Azrael el Testigo

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