domingo, 4 de abril de 2010

Resucitar en el 2010

Evangelio según San Juan 20,1-9. El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.


Aleluya!!!! Resucitó!!!!

La fe cristiana tiene su base y sentido en la afirmación de que Jesús ha resucitado.
¿Qué significado tiene este hecho en este año 2010?
A nivel de cada creyente, la resurrección implica renovar la confianza en Dios, la solidaridad con los demás, el dominio sobre lo que acontece en su vida. Estas tres actitudes son también las bases para una vida plena.

Confiar en Dios. Confiar es la base para ser pleno. Saber descubrir la mano del Padre en el caminar diario. Saber que se tiene la promesa que “hasta el último de nuestros cabellos está contado”. Tener la certeza de que “la fe mueve montañas”. Es la actitud básica de donde se desprenden todas las demás. Así mismo, es lo que da sentido a todos los ritos y formas en que se manifiestan la creencia. La confianza nos permite superar el miedo básico a la muerte, ya que tenemos la promesa de tener vida eterna. Además, permite que todo suceda en nuestra vida de acuerdo a la voluntad del Padre (que no es otra que seamos plenos).

Solidaridad con los demás. El evangelio afirma que “no podemos amar a Dios a quien no vemos, sino amamos al otro, a quien sí vemos”. Así, como que “no hay mayor amor que dar la vida por el otro”. Actuar con y para los demás, es una distinción del cristiano. Saberse parte de una comunidad es un elemento básico para poder vivir con tranquilidad. Desde que nacemos requerimos de un grupo que nos arrope. Y tenemos que ser un participante activo apoyando a los demás con nuestras capacidades y dejando que los demás nos apoyen en nuestras limitaciones. Y esto, no es un camino sencillo, puesto que se trata de vivir en comunión y participación sin dejar de lado nuestro riqueza individual.

Dominio sobre lo que acontece en la vida. Se afirma en la doctrina evangélica que “no te preocupes por la comida ni por el techo”. Y en otra parte dice “no te preocupes aunque te persigan y te lleven al tribunal”. Un cristiano sabe que los acontecimientos y las situaciones que le tocan vivir no están por encima de él. En su persona tiene las capacidades para poder enfrentarlas y superarlas. El Espíritu es quien mostrará el sendero para seguir adelante. Para lo cual, se pide tener un corazón abierto y una mente lista a las señales de los tiempos, a los indicios divinos que nos dicen por donde avanzar.

Vivir el evangelio es resucitar cada día. Buscar hacer realidad la plenitud cristiana de ser Hijos de Dios, Hermanos de los Demás y Señores de la Creación. Dicha dignidad que se nos había perdido, se nos vuelve a mostrar con toda su riqueza y con los retos que implica mostrarla cada día en nuestra existencia.
Alégrate, hoy la Vida Nueva se hace presente en tu vida. ¡Qué el Dios de Jesucristo, Dios de Vida, siempre te ilumine en tu caminar en la vida!

Azrael el Testigo

No hay comentarios.: