Evangelio según San Juan 10,27-30. Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Un elemento que permite al ser humano ser pleno es la experiencia de la pertenencia.
Ser parte de algo nos permite desarrollar en nuestro interior la sensación de seguridad básica para poder enfrentar la vida que nos ha tocado vivir.
Los autores Linn (Dennis, Sheila y Matthew) en su libro Pertenecer (Promexa, México, 1996), muestran como los doce pasos de los AA, devuelven la conciencia de pertenencia que se había perdido y que es lo que motiva a una persona a buscar llenar la sensación de soledad existencial de alguna manera: sexo, alcohol, poder, dinero, etc.
Aprender a pertenecer implica desarrollar en nosotros las actitudes de solidaridad y subsidiaridad. Esto es, me comprometo a ayudar a los demás solo en la medida y hasta lo que ellos no son capaces de hacer. Y me comprometo a solicitar el apoyo en la misma medida: solo en aquello que no puedo hacer y hasta que no aprende a hacerlo.
Es importante no perder de vista que en el momento que un niño aprende a caminar no quiere que lo tomen de la mano, quiere vivir la experiencia de sostenerse por sí mismo. Pues bien, lo mismo pasa con aquel ser humano que ha perdido la capacidad de enfrentar la vida. Hay que apoyarlo, hay que mostrarle el camino de nueva cuenta, más es preciso enseñarle a recorrer el camino por sus propias fuerzas y con sus propios pies. Sólo así podremos vivir en una comunidad libre y comprometida.
Aprender a enseñar a los demás para que caminen su propio camino, es el reto de un grupo: la familia, la comunidad, la familia del espíritu…
Por lo que la pregunta es: ¿Qué tan dispuesto estoy para ser solidario y subsidiario? ¿Qué tanto suelto a la vida a aquellos a los que estoy enseñando: hijos, esposa, esposo, alumnos, compañeros de trabajo?
Considero que esto ha sido una de las limitaciones de la iglesia católica: ha querido mantener siempre sometido a sus fieles, en vez de lanzarlos a la aventura de que ellos experimenten la presencia de Jesucristo Resucitado en su vida y decidan transformar a la Iglesia desde esa misma experiencia.
El saberse parte de algo, de un proyecto, nos permite identificarnos como miembros de un mismo rebaño. Y esto fortalece nuestro espíritu.
Azrael el Testigo
domingo, 25 de abril de 2010
domingo, 18 de abril de 2010
Ser testigos del evangelio
Evangelio según San Juan 21,1-19. Después de esto, Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No". El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar". Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
La fe se basa en una sola certeza: Jesús Resucitó!!!
Es sorprendente como después de tantos años seguimos aceptando dicha afirmación y la misma sigue moviendo a millones de personas en el mundo.
Algunos piensan que es una locura tener fe. ¿Será así? Ya saben que la respuesta de un servidor está sesgada, puesto que yo creo en la resurrección y en la propuesta del evangelio.
Más, parece que para muchos hoy en día no es algo que les convenga. No les da las respuestas que requieren para poder estar en la vida de manera plena y feliz.
Y bueno, la razón por lo cual, la propuesta de Jesús aparece hoy en día opacada es por una simple razón: Su propagación original se baso en el testimonio.
Y hoy en día, el testimonio de la vida cristiana a nivel individual y comunitaria parece que está fuera de moda. Más, es la base de todo. Sin el testimonio, la iglesia no hubiera surgido, las grandes hazañas de los santos no existirían, este texto no tendría razón de ser.
¿Qué significa dar testimonio?
Lo primero es saber que es lo que creemos. Sin el conocimiento de las certezas de fe, no tiene sentido. Para esto, hay que leer el texto básico: los Evangelios.
Lo segundo es saber hablar de lo que creemos. Para esto se requiere valentía, puesto que no se trata de convencer a los demás, sino compartir la propia experiencia de saber y sentir la presencia de Jesucristo en la propia vida.
Lo tercero es saber vivir lo que se cree. A los primeros cristianos les creyeron y la frase que refleja la razón es la que nos refleja el libro de los Hechos de los Apóstoles: ¡miren como se aman!
Así que si hacemos un análisis de los que nos decimos cristianos, creo que es claro porque no nos creen…. así que ¿no creen que ya es hora de volver a ser testigos?
Nuestro entorno lo agradecería.
Azrael el Testigo
La fe se basa en una sola certeza: Jesús Resucitó!!!
Es sorprendente como después de tantos años seguimos aceptando dicha afirmación y la misma sigue moviendo a millones de personas en el mundo.
Algunos piensan que es una locura tener fe. ¿Será así? Ya saben que la respuesta de un servidor está sesgada, puesto que yo creo en la resurrección y en la propuesta del evangelio.
Más, parece que para muchos hoy en día no es algo que les convenga. No les da las respuestas que requieren para poder estar en la vida de manera plena y feliz.
Y bueno, la razón por lo cual, la propuesta de Jesús aparece hoy en día opacada es por una simple razón: Su propagación original se baso en el testimonio.
Y hoy en día, el testimonio de la vida cristiana a nivel individual y comunitaria parece que está fuera de moda. Más, es la base de todo. Sin el testimonio, la iglesia no hubiera surgido, las grandes hazañas de los santos no existirían, este texto no tendría razón de ser.
¿Qué significa dar testimonio?
Lo primero es saber que es lo que creemos. Sin el conocimiento de las certezas de fe, no tiene sentido. Para esto, hay que leer el texto básico: los Evangelios.
Lo segundo es saber hablar de lo que creemos. Para esto se requiere valentía, puesto que no se trata de convencer a los demás, sino compartir la propia experiencia de saber y sentir la presencia de Jesucristo en la propia vida.
Lo tercero es saber vivir lo que se cree. A los primeros cristianos les creyeron y la frase que refleja la razón es la que nos refleja el libro de los Hechos de los Apóstoles: ¡miren como se aman!
Así que si hacemos un análisis de los que nos decimos cristianos, creo que es claro porque no nos creen…. así que ¿no creen que ya es hora de volver a ser testigos?
Nuestro entorno lo agradecería.
Azrael el Testigo
domingo, 4 de abril de 2010
Resucitar en el 2010
Evangelio según San Juan 20,1-9. El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Aleluya!!!! Resucitó!!!!
La fe cristiana tiene su base y sentido en la afirmación de que Jesús ha resucitado.
¿Qué significado tiene este hecho en este año 2010?
A nivel de cada creyente, la resurrección implica renovar la confianza en Dios, la solidaridad con los demás, el dominio sobre lo que acontece en su vida. Estas tres actitudes son también las bases para una vida plena.
Confiar en Dios. Confiar es la base para ser pleno. Saber descubrir la mano del Padre en el caminar diario. Saber que se tiene la promesa que “hasta el último de nuestros cabellos está contado”. Tener la certeza de que “la fe mueve montañas”. Es la actitud básica de donde se desprenden todas las demás. Así mismo, es lo que da sentido a todos los ritos y formas en que se manifiestan la creencia. La confianza nos permite superar el miedo básico a la muerte, ya que tenemos la promesa de tener vida eterna. Además, permite que todo suceda en nuestra vida de acuerdo a la voluntad del Padre (que no es otra que seamos plenos).
Solidaridad con los demás. El evangelio afirma que “no podemos amar a Dios a quien no vemos, sino amamos al otro, a quien sí vemos”. Así, como que “no hay mayor amor que dar la vida por el otro”. Actuar con y para los demás, es una distinción del cristiano. Saberse parte de una comunidad es un elemento básico para poder vivir con tranquilidad. Desde que nacemos requerimos de un grupo que nos arrope. Y tenemos que ser un participante activo apoyando a los demás con nuestras capacidades y dejando que los demás nos apoyen en nuestras limitaciones. Y esto, no es un camino sencillo, puesto que se trata de vivir en comunión y participación sin dejar de lado nuestro riqueza individual.
Dominio sobre lo que acontece en la vida. Se afirma en la doctrina evangélica que “no te preocupes por la comida ni por el techo”. Y en otra parte dice “no te preocupes aunque te persigan y te lleven al tribunal”. Un cristiano sabe que los acontecimientos y las situaciones que le tocan vivir no están por encima de él. En su persona tiene las capacidades para poder enfrentarlas y superarlas. El Espíritu es quien mostrará el sendero para seguir adelante. Para lo cual, se pide tener un corazón abierto y una mente lista a las señales de los tiempos, a los indicios divinos que nos dicen por donde avanzar.
Vivir el evangelio es resucitar cada día. Buscar hacer realidad la plenitud cristiana de ser Hijos de Dios, Hermanos de los Demás y Señores de la Creación. Dicha dignidad que se nos había perdido, se nos vuelve a mostrar con toda su riqueza y con los retos que implica mostrarla cada día en nuestra existencia.
Alégrate, hoy la Vida Nueva se hace presente en tu vida. ¡Qué el Dios de Jesucristo, Dios de Vida, siempre te ilumine en tu caminar en la vida!
Azrael el Testigo
Aleluya!!!! Resucitó!!!!
La fe cristiana tiene su base y sentido en la afirmación de que Jesús ha resucitado.
¿Qué significado tiene este hecho en este año 2010?
A nivel de cada creyente, la resurrección implica renovar la confianza en Dios, la solidaridad con los demás, el dominio sobre lo que acontece en su vida. Estas tres actitudes son también las bases para una vida plena.
Confiar en Dios. Confiar es la base para ser pleno. Saber descubrir la mano del Padre en el caminar diario. Saber que se tiene la promesa que “hasta el último de nuestros cabellos está contado”. Tener la certeza de que “la fe mueve montañas”. Es la actitud básica de donde se desprenden todas las demás. Así mismo, es lo que da sentido a todos los ritos y formas en que se manifiestan la creencia. La confianza nos permite superar el miedo básico a la muerte, ya que tenemos la promesa de tener vida eterna. Además, permite que todo suceda en nuestra vida de acuerdo a la voluntad del Padre (que no es otra que seamos plenos).
Solidaridad con los demás. El evangelio afirma que “no podemos amar a Dios a quien no vemos, sino amamos al otro, a quien sí vemos”. Así, como que “no hay mayor amor que dar la vida por el otro”. Actuar con y para los demás, es una distinción del cristiano. Saberse parte de una comunidad es un elemento básico para poder vivir con tranquilidad. Desde que nacemos requerimos de un grupo que nos arrope. Y tenemos que ser un participante activo apoyando a los demás con nuestras capacidades y dejando que los demás nos apoyen en nuestras limitaciones. Y esto, no es un camino sencillo, puesto que se trata de vivir en comunión y participación sin dejar de lado nuestro riqueza individual.
Dominio sobre lo que acontece en la vida. Se afirma en la doctrina evangélica que “no te preocupes por la comida ni por el techo”. Y en otra parte dice “no te preocupes aunque te persigan y te lleven al tribunal”. Un cristiano sabe que los acontecimientos y las situaciones que le tocan vivir no están por encima de él. En su persona tiene las capacidades para poder enfrentarlas y superarlas. El Espíritu es quien mostrará el sendero para seguir adelante. Para lo cual, se pide tener un corazón abierto y una mente lista a las señales de los tiempos, a los indicios divinos que nos dicen por donde avanzar.
Vivir el evangelio es resucitar cada día. Buscar hacer realidad la plenitud cristiana de ser Hijos de Dios, Hermanos de los Demás y Señores de la Creación. Dicha dignidad que se nos había perdido, se nos vuelve a mostrar con toda su riqueza y con los retos que implica mostrarla cada día en nuestra existencia.
Alégrate, hoy la Vida Nueva se hace presente en tu vida. ¡Qué el Dios de Jesucristo, Dios de Vida, siempre te ilumine en tu caminar en la vida!
Azrael el Testigo
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