Evangelio según San Lucas 13,1-9. Les dijo también esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: 'Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?'. Pero él respondió: 'Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
El ser humano puede reconstruirse. Tenemos la capacidad de volver a retomar el camino para poder ser pleno.
Somos herederos de un visión fatalista de la vida. Solemos estigmatizar nuestra vida y la existencia de los demás. Si alguna vez cometemos un error, cargamos dicho acto para toda la vida. Y si dicho error es visto por otras personas, ellas se encargan de recordarlo a la primera oportunidad. O bien afirmamos que no podemos modificar aspectos de nuestra conducta, ya que “así es como nos ha dado resultado” y además, “así somos felices”.
La propuesta de este día es tomar conciencia de que podemos reconstruirnos. Volver a ser aquello que nos movía desde un inicio. Retomar el sueño. Comenzar a abonar el terreno para lograr lo que anhelamos. Comenzar a construir una vida plena en todos los sentidos.
Nuestra mente, salvo en caso de enfermedades ya detectadas, puede generar nuevas conexiones neuronales, que le permiten aprender nuevas maneras de estar en la vida. Por lo que no es nuestra constitución fisiológica quien lo impide. Hay miles de ejemplos de personas que, aun con limitaciones, han logrado alcanzar lo que se han propuesto.
¿Cuál es el obstáculo? Como dicen por ahí, el problema es lanzar la primera piedra, dar la primera brazada, hacer la primera caminata, subirse de nuevo a la bicicleta, abrir el libro… el iniciar es siempre el momento difícil, ya que nos movemos en la vida mediante hábitos. Una vez que comenzamos, la acción nueva comienza a ser parte de nosotros y con el paso de un tiempo corto, parece que eso que comenzamos es algo cotidiano a nuestro ser.
¿Hacía dónde va tu existencia? Eso sólo tú lo sabes, más, la invitación del evangelio es que camines a la plenitud de vivir como hijo de Dios, hermano de los demás y señor de la creación. ¿Cómo puedes saber si lo vas logrando? Tus frutos reflejan confianza, solidaridad y dominio.
Azrael el Testigo
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