Evangelio según San Juan 10,27-30.
Mis ovejas escuchan mi voz, yo las
conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las
ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi
Padre. El Padre y yo somos una sola cosa". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de
Dios
Desde el Antiguo Testamento el saber
escuchar es la base para poder seguir al Dios de Jesucristo. Salomón cuando
Dios le dice que le pida lo que quiera y Él se los concederá, el rey de Israel,
le dice “dame un corazón que sepa escuchar”, con lo cual, se convierte en el
rey sabio de la tradición.
La actitud de escuchar significa dos
cosas: saber guardar silencio y estar atento a nuestro entorno. Y estas dos
acciones son las que siempre han permito descubrir la voluntad de Dios en nuestra existencia.
Guardar silencio en nuestros días no
es fácil, puesto que somos parte de un mundo ruidoso con toda la tecnología que
tenemos a nuestro alcance: televisión, ipod, grabadoras, Internet, discos, dvd…
Más, este guardar silencio nos permite tener un momento de calma que nos hará
que la paz llegue a nuestra persona, superando con esto, uno de los problemas
de nuestro siglo: el estrés. El silencio es “darnos cuenta” de nosotros mismos,
es un momento para uno mismo y para nuestro propio desarrollo.
Estar atento al entorno, significa
que dejamos de estar encerrados en nosotros mismo y abrimos nuestros sentidos y
nuestro corazón para “darnos cuenta” de que todo está interconectado en el
universo. Es descubrir que el flujo de la vida, de energía, que transforma y
revitaliza está presente en el devenir del mundo. También, es la manera, para
descubrir la voluntad de Dios, que no es otro que la plenitud sea una realidad
en el ser humano.
Aprender a escuchar nos da la vida
eterna y esto permite que caminemos con la certeza de que somos del rebaño de Señor Jesús.
Azrael el testigo 29 abril 2007