domingo, 29 de abril de 2007

29 de abril 2007



Evangelio según San Juan 10,27-30.
Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios

Desde el Antiguo Testamento el saber escuchar es la base para poder seguir al Dios de Jesucristo. Salomón cuando Dios le dice que le pida lo que quiera y Él se los concederá, el rey de Israel, le dice “dame un corazón que sepa escuchar”, con lo cual, se convierte en el rey sabio de la tradición.
La actitud de escuchar significa dos cosas: saber guardar silencio y estar atento a nuestro entorno. Y estas dos acciones son las que siempre han permito descubrir la voluntad de Dios en  nuestra existencia.
Guardar silencio en nuestros días no es fácil, puesto que somos parte de un mundo ruidoso con toda la tecnología que tenemos a nuestro alcance: televisión, ipod, grabadoras, Internet, discos, dvd… Más, este guardar silencio nos permite tener un momento de calma que nos hará que la paz llegue a nuestra persona, superando con esto, uno de los problemas de nuestro siglo: el estrés. El silencio es “darnos cuenta” de nosotros mismos, es un momento para uno mismo y para nuestro propio desarrollo.
Estar atento al entorno, significa que dejamos de estar encerrados en nosotros mismo y abrimos nuestros sentidos y nuestro corazón para “darnos cuenta” de que todo está interconectado en el universo. Es descubrir que el flujo de la vida, de energía, que transforma y revitaliza está presente en el devenir del mundo. También, es la manera, para descubrir la voluntad de Dios, que no es otro que la plenitud sea una realidad en el ser humano.
Aprender a escuchar nos da la vida eterna y esto permite que caminemos con la certeza de que somos del rebaño de Señor Jesús.

Azrael el testigo 29 abril 2007

domingo, 15 de abril de 2007

15 abril 2007



Evangelio según San Juan 20,19-31.
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". Él les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!". Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

¿Nuestra fe tiene que ser ciega?, esto es, ¿tenemos que creer sin cuestionar nada de lo que conforma nuestra creencia: doctrina, tradición, textos, etc?

Algunos han propuesto en base a este texto que nuestra fe tiene que ser ciega. Sin embargo, si tomamos en cuenta el proceso como se propago la fe cristiana, tendremos que decir, que la frase “dichoso los que creen sin ver” se refiere a que los primeros creyentes aceptan su proceso de fe en base a la escucha del testimonio de quienes ya forman parte de la comunidad cristiana.

La fe cristiana se propaga a través del testimonio oral de los apóstoles y quienes los escuchan se convierten a la fe, aceptando “sin ver” lo que ellos les afirman. La afirmación principal de su testimonio es “Jesús es el hijo de Dios, se encarnó, murió en la cruz, y Dios lo resucito, de lo cual nosotros somos testigos”. Lo cual, sigue siendo el centro de nuestra fe.

Y hoy en día, nos encontramos con el problema principal de nuestra iglesia: la necesidad de que los creyentes demos testimonio de nuestra fe.

Azrael, el Testigo.